martes, 18 de febrero de 2020

QUÉ PUEDO OFRECERTE YO

QUÉ PUEDO OFRECERTE YO

Una reflexión de Miguel Ángel Pagador Martín aka. GoldenWarrior 99


Voy a ser lo más sincero, no encuentro motivación para escribir este texto. Éste es el segundo intento, por cierto, y la calidad se puede comprobar si se conoce el hecho de que lo estoy haciendo en el bloc de notas del móvil, mientras intento que los baches que va sorteando el autobús no me hagan cometer una errata, o peor, que mi libreta de coltán vuele por los aires y caiga en la otra punta del vehículo.

Se podría decir que normalmente, cuando tengo buenos los ánimos, no encuentro dificultad en redactar unas pocas palabruchas con algún matiz surrealista o bizarro. Dos chavales de pueblo pequeño que son echados de una verbena por frikis, yendo de camino a sus casas, se encuentran en medio de la calle a un decrépito vagabundo que les ofrece LSD, tras lo cual sucede un episodio alucinógeno de humor absurdo. Esas son las historias que suelo escribir, aunque actualmente considero oxidada y desentrenada mi capacidad de cuentacuentos.

No solo atento contra el acto de la escritura, también escupo sobre el arte del cine con mis vídeos para YouTube. Empecé fuerte, elaborando una película de unos tediosos treinta minutos de yo haciendo de mí mismo, acompañado de mis dos mejores amigos, envueltos en el mundo de Morfeo, donde parece que un sueño está dentro de otro. Y me pinto la cara de cebra. El espectáculo audiovisual gozó de relativo éxito en mi comarca, cosa que no le ha vuelto a ocurrir a mis sketches posteriores, yendo de pocas a famélicas visualizaciones en la plataforma. He mareado a mis colegas con que si lo dejo, o sigo, pero no por falta de éxito, sino por el balance que me veo obligado a hacer entre todos los fregaos en los que ando metido.

Por último, me toca hablar sobre el aporte que he dado al mundo del cómic extremeño que, o brilla por su ausencia, o apenas es conocido por los propios extremeños. Volviendo al asunto, dibujo historietas de superhéroes desde que era bien canijo. Mis padres me han motivado y apoyado, y he despertado la admiración de los adultos de mi entorno. Sin embargo, no me considero ningún niño prodigio. Es el simple de que nací en un pueblo de 2000 habitantes, y no en una ciudad.

Habiendo expuesto aquí mis tres actividades creativas preferidas, y lo que con ellas “regalo” al mundo, puedo hacer la pregunta. ¿Qué puedo ofrecer yo en este texto? Cuando empecé, apenas hallaba inspiración para contar algo medianamente interesante. Ahora, me siento un poco más en sintonía, pero no tiremos cohetes. Como he dicho, funciono por inspiración, extraigo mis ideas a raíz de expresar mis sentimientos y emociones a través de vídeos, historias cortas, cómics. Lo que no hacer es ponerme a escribir aquí te pillo y aquí te mato, como si mi cerebro y corazón fuesen los engranajes de una fábrica de churros. Las cosas salen bien cuando se les dedica tiempo y esfuerzo. Precisamente eso es lo que no he estado haciendo últimamente.

En mi palacio mental sucede una eterna discusión entre el Duque de las Obligaciones y el Duque de las Pasiones. Me surgen ideas que brotan a borbotones de la brecha de mi calavera bohemia. La abundancia de imaginación no es mi don, sino mi castigo. Es la tortura de no tener tiempo para llevar a cabo tantos proyectos que mi materia gris deglute. Me es imposible satisfacer mi abominable naturaleza inquieta, y por eso me quedo a medias tintas, hago vídeos apresurados y sin empeño. Si de verdad quieres hacer algo, tienes que sacrificar lo otro.

Y también me he dado cuenta de que estoy entrando en la reja por mi cuenta como esclavo de los likes, las visualizaciones, los comentarios, la popularidad, cuando nunca me han importado un carajo esas banalidades. Cuando mi objetivo siempre ha sido crear, expresar mis inquietudes. Cuando lo que yo quería era pasar el rato. Llevo unos meses en los que me he preocupado más en el disfrute del ajeno que en el mío propio, pensando en ¿Qué funcionará? ¿Qué es tendencia ahora? ¿Qué es lo que le hace gracia al público? ¿Cómo ser alguien más del grupo? No he sido aficcionado de publicar fotos de mí mismo, pero he comprobado que eso es lo que atrae a la gente, no los dibujos sobre hombres cebra y entes cósmicos que garabateo en mi libreta de Iron Man. La gente no se va a molestar en ver un vídeo de media hora sobre una historia original, la gente va a los títulos atrayentes, morbosos. “Hago una broma a mi novia y sale mal”, “Las olas monstruo más grandes del mundo”, “Unboxing de caja secreta”, “Reseña de Vengadores: Endgame”, “El final de Joker explicado”. Y podría seguir hasta las nueve de la noche.

Dicho ésto, me pregunto una vez más, ¿Qué puedo ofrecerte yo? La incógnita se reduce a una mera decisión, sobrevivir o ser olvidado. Yo elijo que me comáis los cojones.

miércoles, 15 de enero de 2020

UN VÍDEO A LA SEMANA - Día a día con Golden (Enero 2020)

Han sido unas semanas la verdad bastante productivas para el canal, y la audiencia parece haber vuelto a su estatus quo regular anterior a la Crisis de Otoño, cómele el co**.

La empresa de mi palacio mental ha reestructurado el periodo de subida de vídeos, lo que me hace un ser humano más sano y menos depresivo late 18s.

La nueva década me sonríe por estos momentos, en los que hay nuevas iniciativas más positivas.

Ante esta situación socio-económica, voy a tomar la decisión de dejar el canal en barbecho esta semana (y probablemente también la siguiente), para dedicarme al resto de mi vida humana pluricelular.

Sitúo el final de enero y el inicio de febrero como fecha posible para el ansiado estreno de mi vídeo de exploración personal y música de la que no dispongo de derechos ``2023´´.

De aquí en adelante, me propongo 1 vídeo como mínimo al mes, para asegurar mi estado de salud metal creadora y psicológica. Ya veremos si consigo mi objetivo.

Hasta que nos volvamos a encontrar, hasta la próxima...


Also, chequéen mi nuevo logo de mi yo 2D, crafteado con mano de santo.

MAX.

(Historia corta de 2017)

Lo tenía todo. Era el rey de la pu** Nueva York. Nadie podía acercarse a su espacio económico... ¿Nadie?

-¿Tienes la cuerda?
-Sí, aquí...
-Perfecto, ¿y tú la garra metálica?
-Eso no hay que preguntarlo, tío.

Estaban caminando de lado... en las paredes acristaladas del exterior del Edificio MAX. Urich Maximilian, el propietario, era uno de los niños mimados de la ciudad, y tenía mucho dinero... ¡vaya si tenía dinero ese capu***! Iban a robarle al maldito Urich Maximilian. Walter Kaine no se lo creía... él y sus dos chicos, Fred Gullen y Sammy Fring, iban a ganar un pastón, se iban a librar de los pagos a Hacienda que tenían atrasados y se sentirían orgullosos de traerles a sus familias dinero después de mucho tiempo. Los tres estaban en el paro y, como eran ingenieros y sabían de escalada... ¿qué forma mejor de llenar las carteras que robar? Y robar a lo grande, sí...

-¡El piso 47, jefe!-dijo Gullen.
-Ok. Estamos aquí, Max. ¡Rompe, S!

¡Crash! La gran ventana se convirtió en pequeños trocitos de cristal azulado, que cayeron al inmenso vacío que se encontraba debajo de sus pies.

-Entrad.

Los tres padres de familia irrumpieron en la sala de entrada del apartamento del Edificio MAX en el que Urich residía. Sigilosamente, caminaron de puntillas por la moqueta roja del suelo, para luego esperar unos instantes.

-Seguid adelante. G, abre la puerta.

Fred hizo lo que le ordenó, también con cuidado. Forzó la cerradura con cautela y un silencio casi de profesional, para que después pasaran adentro sus compañeros. Iban seguros de lo que hacían, ya que previamente habían inhabilitado todas las cámaras y micrófonos de vigilancia de esa planta, y también se habían asegurado de que esa noche la habitación de Urich no tenía guardias de vigilancia. Según se habían informado, era una ``Noche Libre´´. No les importaba en absoluto lo que significara y qué co** haría ese tío mimado estas noches.

-Da luz, S.
-Va.

La luz de la pequeña linterna les permitía ver mejor qué elementos se encontraban en el lugar. Más moqueta, mesillas de noche, sillones recubiertos de terciopelo, un par de cuadros neocontemporáneos... la típica clase de mie*** que te puedes encontrar en la casa de un rico.

Avanzaron. Pared... y se encontraron con una escena de lo más embarazosa. Ahí estaba el pu** Urich Maximilian... trisc****se a una chica con apariencia de modelo.

-¡¡Noo!! ¡Basta...!-gritaba la joven.
-Ahora... ¿Pero qué c...?

Walter sacó su antiguo revólver.

-¡Las manos donde pueda verlas, capu***! ¡Y tú también, moza!
-Erhh...-susurró Urich.
-Ya has tenido suficiente, tío-comentó Gullen.
-Poneos ropa y las cabezas sobre la cama.
-De... de acuerdo-dijo Urich.

Los rehenes siguieron los pasos. Mientras la modelo se vestía, los ojos de Fred se movían con rapidez. Ya estaban con las cabezas sobre la cama.

-No queremos heridos ni muertos. No hemos venido a matar a nadie, ¿entendido?-se aclaró la voz con fuerza-Ahora dinos donde está el dinero que guardas aquí y todo lo que tengas que posea más valor. Después de coger lo que es nuestro, nos iremos como hemos venido y aquí no ha pasado nada... ¿entendido?
-Erhh...
-S-socorro... no sabéis cómo es en realidad... mátale ahora que pue-puedes...
-Chica, no sé lo que te ha hecho o dicho, pero no es nuestro asunto. Eso resolvedlo por vuestra cuenta.
-N-no lo entendéis...
-Si te dice que te calles, te callas, zorra.
-¡Eh, no se insulta a las señoritas, golfo acomodado! Venga, dinos dónde está el dinero y nos largaremos.
-No lo diré.

Walter se acercó al multimillonario y le puso el arma en la sien.

-¿Crees que estoy de broma, cab***? ¡Dínoslo ya y nos iremos a tomar por culo!
-No.
-Uffff... te has buscado el peor camino... S, los alicates.
-Ahí van.
-Oh, no eres capaz, plebeyo, no... ¡¡aaaaaaaaaaaaaaaarrghhhhhhh!!
-DI-Nos-El-Lu-Gar, Maximilian.

Pero la tortura metálica continuó unos minutos que fueron longevos para el rehén, pero aún más estresantes para Walter, al ver que Maximilian no decía ni una palabra sobre su fortuna.

-Parece que te gusta el sadomasoquismo, ¿no, gilipollas?-le arrea un mamporro con fuerza en la mejilla, y le grita a la cara-¡¡Dinos el pu** lugar del pu** dinero YA!!

Los compañeros encapuchados de W. K. se miraron el uno al otro con expresión de confusión.

-Tío, este pavo no parece tener intención de cantar nada... Deberíamos dejarlo e irnos, aquí ya no pintamos nada.
-¿En serio, F? Tío, que lo hubiera dicho S, pero tú... Te tenía por un tío con más cojones.
-¡¿Y qué quieres que te digamos?! Nada más que estamos perdiendo el tiempo con esto...

Urich Maximilian, que estaba arrodillado y encorvado, se giró para levantar la mirada, y le farfulló, a causa de los golpes, a Kaine:

-¿Por qué no le haces mejor un poquito de caso a tus camaraditas, listo?-una patada de Walter respondió a ese comentario atrevido, tras lo cual siguió hablándole al multimillonario repelente. Tal distracción sirvió para que toda la atención de los atracadores se centrara en Urich, y se olvidaran de la chica.

La modelo se alejó poco a poco de la cama, con la intención de escaparse por la puerta del superapartamento. Su pobre huida no llegó a cabo lejano, ya que Fred se percató de su movimiento sigiloso pero patoso, y pegó un grito al aire:

-¡¡Ché!! ¡Quieta donde estás, rata! Esto va a acabar pronto...
-¡Eh, no deberías hablarle así a la señorita, Fred!-la defendió Sammy, con indignación.
-¿Pero qué crees que haces? ¿Ponerte de parte de ellos...?-le inquirió su jefe.
-¡¡Tío!! ¡¡Ha dicho mi nombre!! ¡¡Ha dicho mi nombre el cab***!!

La frente de Fred Gullen se había tornado de un color rojizo, y hacía señas con su pistola de querer amenazar de muerte al bueno del joven Sammy.

-¡¡Te vas a acordar de esto!! ¡¿Me has oído...?!
-¡Para, relájate! Él no es el problema, Fred...

Se hizo un breve silencio, lo cual permitió a la mujer asustada hablar:

-T-tenéis que matarle.
-¡¿Qué?!-escupió Fred.
-Él... n-no es como nosotros.
-Vamos... ¡no le hagáis caso a esta perra! Está tan asustada que no sabe lo que dice...
-E-es verdad...
-¿¿Cómo??-gritó el ya cabreado Walter Kaine.
-Dejadla hablar-paró en seco W.K.

Gárgaras de Almorrajino.

(Historia corta del año 2019)

Verbena popular, Almorranijo de los Montes Sacros.

Las luces de discoteca, de una gama cromática no apta para todos los públicos, iluminaban el húmedo y mohoso antro al igual que al cochambroso camino en forma de desgastada carretera de pueblo, que ya se había cobrado sus más de 33 víctimas en los menos de 50 años que tenía la pedanía de Ciudad Estropajo.
Se dirigían caminando al tugurio Ficho Bonáez y su risueño amigo el tuerto, Gonzo Gonórrez, cuyo apellido descendía de un antiguo bulo de que a su tataratataratatarabuelo Higo le traspasó la horrorosa enfermedad Yuliana Windeldorf, la hija de la costurera, que venía de Alemania buscando trabajo tras la Guerra del Copón, donde se dice que ese Adolfo Pistacho la lió bien parda. Volviendo a nuestra desgraciada historia, los dos mozalbetes iban con una sonrisa de ceja a ceja, ilusionados los ¡oh, pobres infortunados! con que en esa fiesta de interés mundano iban a encontrar ¡por fin! una buena moza de anchas caderas y cabellos rollizos que llevarse a casa y ser vistos como hombres de provecho antes los decrépitos ojos de sus padres. Ambos progenitores se conocieron y lucharon en la Guerra antes mencionada, hicieron buenas gavillas y forjaron una amistad que, como ustedes ven, heredaron sus infames hijos.

-¡Pero mira las decoraciones del techo, Ficho! ¡Son tan bonitas...!
-Gonzalito, nos vas a avergonzar delante de todo el pueblo, inútil.

Al oír sus reconociblísimas voces de gallo, uno de los mayores gavilanes de la escuelita de Doña Espanto mandó parar la deglutible música, si tiene el honor de poderse llamar como tal, y se dirigió, no sin antes subirse el pantalón cual paquetón apretado por las costuras de la prenda, hacia los más escuálidos y famélicos paletos de la región. Se detuvo, alzando su gran polla, y dijo:

-¡Mira a quiénes tenemos aquí! ¡Si son El Hombre Polilla y su intrépido secuaz Van Vómito!
-¡No tenemos miedo de tu cipote, guilipolas!
-¡Calla, insensato!--¿quieres que nos crujan vivos?

viernes, 23 de marzo de 2018

El pez plateado.

Había una vez un niño que tenía un pez plateado. El pececillo se movía por la pecera de cristal redondo con alegría y agilidad, mandando ondas de movimiento a las algas verdascas, que el propio niño había recogido del viejo lago. Sven vivía en una ínfima casita de madera junto al cochambroso muelle de Hundlortvatnertnerlyojneim, la urbanización que quedaba a 1 km y medio de su hogar. Allí al lado de los mohosos tablones de madera descansaban en las aguas los oxidados botes de ermitaños pescadores en busca de algo más que marisco: las malas lenguas de Hundlortvatnertnerlyojneim murmuraban que en el fondo del viejo lago yacía una enorme bestia descomunal que algún día emergería del fango y causaría desgracias sobre la población de Hundlortvatnertnerlyojneim.

Pero no solo se hablaba mal sobre el lago, sino también sobre la familia del pequeño Sven. Olaf ``Golpe de Muerto´´ Morguensenn, su padre, era el encargado de la funeraria del pueblo. Pasaba sus días en la morgue, y venía a casa apestando a muerto. Y no solo eso, sino también borracho. Los compañeros de Olaf se burlaban de él constantemente por el bulto de su frente. Desde que una vez, de joven, le cayó un muerto sobre la cabeza, tenía un enorme y desagradable bulto en un lado de su frente. A menudo le salían pústulas y pus en la aberración. Por eso le pusieron el mote de ``Golpe de Muerto´´.

Pero claro, ¿quién se iba a casar con un desgraciado como él? Allena Borguison era la hija del carnicero. De estatura media-baja, ojos azules y cabellos castaños, la bella Allena era, aún guapa, un poco del montón. Ella se juntaba con el grupo de las populares de la escuela: Lianna Hildergunn, la líder, rubia como el Lorenzo y resabida; Tyjna Thorledin, melena plateada, ojos verdes, misteriosa, su prima hermana, e hija del concejal Borgg ``El Eslavo´´; y Susan Riold, la mayor de todas, de pelo negro como la oscura noche, e hija de nadie que os interese.

La aceptación del noviazgo con Olaf ``Golpe de Muerto´´ no fue muy bien recibida por sus semejantes. Algunos testigos cuentan que así fue la reacción:

``-¿Pero cómo me dices que le has dicho que sí a ese pulgoso de ``Golpe de Muerto´´?-Lianna, enfadada y confundida.
-Tía, somos las cuatro de Hundlortvatnertnerlyojneim, no podemos perder nuestra reputación con el hijo del enterrador-Susan, sin sentimiento alguno en la voz.
-Amigas, quiero a Olaf. Sí, le han pasado algunas cosas malas, pero creo que la gente realmente no ve lo que hay en su interior. Es amable, cariñoso si le tratas bien, y es muy bueno conmigo.
-¡Eso es porque quiere tocarte las tetas!-Lianna.
-¡Él no es como los demás chicos! Es muy humilde y buena persona...
-¡El día en que te des cuenta del bulto que tiene en la frente será demasiado tarde!
-Mejor déjalo, Allena-Susan.
-Callaos-las demás volvieron el rostro expectantes. Tyjna se había pronunciado-. Vais a dejar a mi prima en paz de una vez y vais a cerrar vuestras bocas. ``Golpe de Muerto´´, ¿y qué? A mí ni me viene ni me va, y a vosotras no os cae muy bien, pero Allena es vuestra amiga y deberíais respetar sus decisiones. Si quiere ser la novia de ``Golpe de Muerto´´, que lo sea. Ahora callaos e iros a tomar por culo.´´


lunes, 7 de agosto de 2017

El Jardín de los Deseos.

(Historia corta de 2017-18-19)

Capítulo 1 - Cantares de Valleviejo

Andaba el otro día tan campante por el barrio Garrapiñuelo, cuando me topé con el número trescientos setenta y tres del Buñuelou Gazzette´s, un prestigioso aunque morboso periódico local. Tomé el grasiento ejemplar del raspado ladrido, que con tanto sudor enjugado de pobres colonos mestizos había sido labrado, y abrí sus seductoras páginas entre mis agrietados dedos. El contenido del journal era un variopinto escabeche de lo más bizarro: ``Asesinan a una bailarina de polka tres días antes de la gran actuación de su vida, el Viv´s Dance Grand Festival, en circunstancias insospechadas´´, ``El alcaide de la Prisión Peninsular de Valleviejo presenta su dimisión´´, ``Tres niños de origen asiático son detenidos por la violación de una hipopótama encinta´´, ... toda una sarta de espantosos sucesos que solo anunciaban el mal agüero. ``Esta ciudad está podrida´´, pensé.

Tiré el esperpento de noticiario, remontando mi caminata, casi llegando a mi destino como objetivo. El café de Rob´s se presentaba como un lugar al que lo peor de la escoria de Valleviejo acudía: era un antiguo burdel vomitivo que daba hogar a ninfómanos, pederastas, cocainómanos, fans de Bertón Liefieldo, borrachos sin esperanza en la vida y la mejor selección de asesinos a sueldo rusos.

-Qué tal, Robvincie.
-Aguahtando jasta que me venga la parca a recogeh...-la obesa propietaria del antro tenía el glorioso honor de poseer el título de Mujer Más Fea de la URSS, cosa que era más que cierta. Los pelos de sus abultadas verrugas me atraían como al más patán de los buscadores de rarezas humanas, mientras que el pobre maquillaje azul celeste de su sombra de ojos hacía un mísero intento de ocultar la repulsión de su ser. Pero ante todo, era una buena tipa. De fiar.

-Esta ciudad apesta.
-Cómo lo sabeh. Oye, ¿qué veníah bujcando, Rocobollo? Te he dejao la pijtah un poco libre pal intehcambio de infohmación que me parlahte.
-Vengo a por el espía doble del Gobierno de Stalino que me propiciaste, Rob.

La Mujer Más Fea de la URSS estaba empeñada en el fregado de un nonagenario plato de una vajilla ya perdida en el suspiro de los vientos estomacales del tiempo. Centrada en su tarea, me respondió.

-Allá al fondo.

Atravesé una horda de pervertidos sociales, para llegar al ala este del bar, en la esquina de las tragaperras. Allí me esperaba un varón de metro ochenta, casi anoréxico, enfundado en un traje de látex rojo tirando para negro de lo más excéntrico. Mi contacto, con la cara cubierta por un pasamontañas también oscuro pero con diseños de Russle Crowenio en los costados, se dignó a hablarme, no sin antes pedirme fuego y encenderse una extraña pipeta escarlata.

-¿Tienes algo?
-No.
-¿Hhmn?
-No mucho, pero es... curioso.
-Canta, maricón.
-Ya no estamos en los 50s, Detective Rocobollo, estamos en entrada de siglo. Los tiempos han cambiado.
-Hum.
-Mmmñem... me he enterado que esos estalinistas del segundo milenio están planeando un atentado contra la embajada de España en Kazajstán. Lo tienen todo pensado. Armas, explosivos, estrategia de escape, todo. La van a liar gorda, Detective.
-Tampoco creo que sea para tan...
-Esto te supera, Rocobollo, esto te supera. Erhh... ¡Esto no es como El Caso de la mujer portuguesa degollada en el Apple Store... o La Trama del exministro Cabezañuque, NO! Esto es distinto, tío, y ni tú ni cualquier otro investigador de pocamonta puede evitar lo que va a pasar. Esto...
-¡¿Pero qué me estás contando, alfañique?! No puede ser que vaya a desatarse una guerra...
-Eso, eso mismo es lo que va a suceder, Detective. Yo... yo ya no puedo hacer nada más, solo decirte que un alto secretario de los estalinistas tiene un cortijo aquí, en Valleviejo, donde veranea con la parienta...
-¿Cómo? ¿Dónde est...?
-Pregunta en la Calle Llobregat de Fons de Piñols, te dirán que en la Senda del Canto Pedreguno. Me voy.
-Gumpff...

Salí del triste establecimiento veinte minutos después de irse el informador, no sin antes pagarle la cuenta a Rob y desearle suerte con el entierro de su marido. Al menos, el bueno de Mr Gorbachov no tendría que presenciar el terrible y oscuro futuro que se cernía sobre la comunidad de Valleviejo.


* * *

Capítulo 2 - Rock you like a hurricane

Mi investigación me llevó de la mano como mi madre a la escuela, que en su mohosa tumba descanse, a la Calle Llobregat de Fons de Piñols. Los yonquis te pedían dinero, las rameras te ofrecían su cuerpo perfumado a coliflor añeja y el ambiente apestaba a humo de cigarro mal apagado. A uno le cuesta pasar desapercibido en una pasarela como esta, donde cualquier despojo humano te puede rajar en canal en cualquier momento. Subí treinta pisos de un pútrido edificio, lo que provocó inimaginables ganas de comer en mi hueco estómago. La ira me consumía, pero al fin desembarqué en la planta 31, y toqué el timbre del apartamento 344, que previamente había llamado en el recibidor de la entrada, a lo que me había respondido una voz áspera, pero un tanto inocente.

Treinta candados se tuvieron que abrir, poniendo mi fina paciencia a prueba. La puerta abierta me desveló a un joven de unos 37 años, pero, debido a su mal cortada barba y a su greñada melena rubia, parecía tener más edad que esa, no sin olvidar sus penosas ojeras provocadas por un intenso consumo de crack, cuyo humo se percibía en el ambiente. Vestía una camisa de manga larga blanca, por encima un jersey de rayas verdes y negras, y en sus flacas piernas unos vaqueros notablemente rotos.

-¿Con quién hablo?
-Detective Rocobollo, ¿y tú?
-Curtis Kobáinez. Pasa.

Su casi metrocuadrático apartamento estaba decorado con infinidad de posters de bandas de rock, heavy y grunge de las últimas dos décadas: Metallicosa, Ejcorpioneh, Soundogarden, Pinky Floydo... Su camastro era un caos y una pocilga, y su escritorio estaba lleno de folios con fallidas letras de canciones. Encima la mesilla de noche había un revólver.

-Me han enviado aquí porque dicen que tú sabes dónde reside el alto secretario de los neoestalinistas... Dicen que tiene un cortijo en la Senda del Canto Pedreguno, pero supongo que tú tienes más exacta información.
-Verás... yo ya no actúo, marioneta... Lo dejé hace ya medio año. Nos llamábamos Nervena, yo y los chicos éramos geniales, pero gracias a la movidita con Gons and Rosos y a esa tía y mi hija... estoy en la mierda.
-¿Marioneta? ¿Nervonio? ¿Hija? ¿Me estás tomando por imbécil, perroflauta?
-Oh no, yo no... Nosotros nunca hemos perdido el control... fue el hombre que vendió el mundo...
-¿Qué hombre? ¿El alto secretario?
-Sí... creo que sí... ¡Ah! Estoy tan feliz... porque hoy he encontrado a mis amigos...
-¿Nos pueden ayudar?
-...que están en mi cabeza.
-Qué cojo... ¡¡Háblame claro, greñudo!!
-Sí, soy tan feo... ¡y eso está bien...!
-Dónde. Está. El neoestalinista. ¡Ya!
-Lo vi el domingo por la mañana, aunque eso es todos los días...
-¿Dónde lo viste?
-En la cárcel, la peninsular... Estaba haciendo trapicheos. Quería sacar a un pez gordo de la cárcel.
-No... me jodas-me quedé en shock-¡¡Tengo que impedírselo!!
-No corras... ese tío irá a la hora del almuerzo...

Me quedé en silencio. Sentí una gran pena por ese chaval. Tan joven, tan talentoso con los versos... y estaba en este estado de depresión. Decidí preguntarle por eso.

-Oye... Curtis... ¿estás bien? Te noto... apagado.
-Sí... Verás. yo antes no era así... Era un tío superfiestero, cuando acudía a un botellón era un maldito huracán. ¿Sabes? Me decían que les recordaba a una canción... Mmm, diablos, ¿cuál era?
-¿Rock you...?
-¡Ah, sí! Rock you like a hurricane... Me encantaba. Cuando me sentía mal, cuando caía en un punto bajo... la escuchaba. Y me hacía levantarme. Y seguir adelante. Porque no importa cuántas veces te peguen una patada en el estómago... Tú tienes que salir ahí y luchar...

Mientras hablábamos sobre una canción del `84, la tierra estaba temblando. Y no por un huracán. Treinta sicarios soviéticos enfundados en trajes negros y cargados de armas hasta los dientes estaban subiendo las escaleras del edificio.

-...me dieron una vez, por mi cumpleaños, la canción en una cinta...

Cuatro pisos. Tres pisos. Dos pisos.

-¿...dónde estará...? ¡Ah, joder, sí! Aquí en mi mesilla...

Un piso.

-Mira, espera que la ponga en el caset... oh sí... ¡aquí está!
-Un momento, Curtis... ¿no oyes eso? Son como pisadas...
-Lo más seguro es que nos hayan interceptado... oh sí, here i am...
-ME CAGO EN LA PUTA.
-Corre. Oh sí... here i am, rock you like a hurricane...

Los pasos se acercaban. Estaban en la puerta.

-¡Oh, no! ¡Tenemos que huir!
-Sálvate tú... yo ya estaba muerto...
-¡¡No, Kobáinez!!
-¡¡He dicho que huyas, coño!! The bitch is hungry, she needs to tell... so give her inches and feed her well...
-Kobáinez...-esas fueron las últimas palabras que le dirijí, antes de tapar mi rostro con mi fular marrón y saltar a las escaleras de incendios por la estrecha ventana de su habitación. Dentro, el rockero retirado seguía cantando.

-More days to come, new places to go...
i´ve got to leave, it´s time for a show...

Habían llegado.

-Here i am...

Se iban a liar a tiros. Cuestión de tiempo.

-Rock you like a hurricane...

Me alejaba corriendo entre los contenedores. Giré un momento la vista atrás...

-Here i am...

Curtis Kobáinez cogió su revólver.

-ROCK YOU LIKE A HURRICANE...!

Se pegó un tiro en la sien.

Huí de aquella manzana como el diablo que mora en el infierno. Curtis Kobáinez había optado por la salida más fácil. Curtis Kobáinez había decidido morir dignamente. Curtis Kobáinez no se había dejado vencer por sus adversidades.

Yo ahora estaba en busca y captura por los neoestalinistas. Los neoestalinistas habían corrompido el Gobierno del Ayuntamiento de Valleviejo hasta la médula. Yo era un preso fugado. Y yo me dirigía a la prisión.


* * *

Capítulo 3 - Inspector Rocobollo: Memorias: Joe Pringue: El Día Después

AVISO:
EL SIGUIENTE RELATO DE FICCIÓN PODRÍA HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS ESPECTADORES. QUIEN DECIDA QUEDARSE, ES A SU PROPIA ELECCIÓN.

La señal radiofónica de la policía sonaba en una mañana de septiembre de 1989. El ambiente se sentía frío y neblinoso... Un día como cualquiera en la ciudad de Valleviejo.

Mis amigos de la central me habían avisado de lo ocurrido a primera hora, cuando ni siquiera estaba amaneciendo. A regañadientes, y soltando sandeces e insultos a diestro y siniestro, salí de mi desarreglada cama, en la que había yacido la noche anterior con una mujer de la calle que aún dormía sobre mi lecho... No me acuerdo de cómo ocurrió, solo sé que había tenido un mal fin de semana, como lo son todos los de mi vida, así que le apagué un sigarro a mi -ahora- ex compañero en la gabardina, y entré a voces en un bar. Bebí tanta cerveza que de los sucesos posteriores no puedo confirmar la veracidad. Cantamos los borrachos la Canción del Arraguleño, levantando las piernas al ritmo de las tropas nazis. Ah... si Hitler levantara cabeza... a algunos se les iban a quitar todas las gelepolleces...

Como iba diciendo, después de los cánticos la cosa se puso turbia y un borrachuzo llamado Vendecorado Búñez, de unos 22 años de edad, se lió a porrazo limpio con la dueña del local: mi dulce y sifilosa compañera de desdichas Robvincie. A la pobre mujer se la considera la Mujer Más Fea de la URSS, pero no expandamos el mito.

La pelea se libraba a botellazo y botellazo con botella rota. La sangre no tardó en surcar las sucias juntas de los azulejos del suelo. Aahg, la pobre Robvincie no está para desgracias... Pero la batalla campal ya no iba hacia ``ella´´, sino que ahora Búñez y sus primos los Carapróstata se estaban arrancando peazos de piel enteros de cuajo con una pandilla de neoestalinistas liderados por Yuri el Perforao. No querráis saber el desprestigioso origen de este mote...

¿O sí? Pues os la cuento, por el morbo.

Se rumoreaba por el barrio de Garrapiñones que, cuando Yuri Jiliformov era un criajo, vivía con su tozudo padre en un tercer piso con la limpieza descuidada. Tenía al pobre niño a golpe de cinturón. Decía que sacaba malas notas. Yo creo que sus motivaciones eran más profundas.

Yuri era un niño que pasaba las tardes jugando a la bola en el parque, pero sin la compañía de nadie. Se duda si realmente fue a la escuela, pero lo que quedaba claro era que era un apestado de la sociedad. Ah... Me recuerda a ese filósofo soviético... ¿Cómo era...? Ah, Goldenik Warrirov IX. Puto depravado social...

Cuando Yuri llegaba de vuelta a casa, su padre le estrangulaba a preguntas estresantes: ¿Dónde vergas has estado, Yuricabrón? ¿Qué pollas tienes en las manos, maricón? ¡Cabrón! Y ahí va el primer tortazo.

-¡Es que no sabes hacer nada!-segundo tortazo.

-¡Pá! ¡Pá!

-¡Que te calles y te sientes en tu puñetera sillita, cojones!-tercer y cuarto tortazo.

Hasta este punto, los motivos del odio violento del padre hacia el hijo quedaban aún en duda. Pero la cosa se intensificó a partir de ahora.

-Serás niño inútil... Siempre te he enseñado que estaba mejor jugar al futbolito con tu padre, tú no tienes lugar entre los otros niñatos-deja al chico y se dirije a la cocina-. Le prometí a tu madre que iba a protegerte de los extraños, que no te permitiría confiar en nadie más que yo. Porque soy tu padre y es lo que se espera de uno...-vuelve con una espátula y con los pantalones más flojos-Hijo, hijo de mi sangre, yo es que sólo quiero que no le pase lo de má´, yo sólo quiero que seas alguien de provecho. Me quiero sentir orgulloso de ti, pero no haces nada más que darme disgustos...-se le nota más emocional y con  humanidad.

-Pá, me quiero ir a acostar...-con un tono de miedo en la voz.

-Es eso lo que esastamente vamos a hacer, hijo. ¡Mi hijo!-levanta los brazos al cielo-Hijo de mi propia sangre, mi posesión...-se empieza a recolocar los pantalones.

-Pá, tengo ueño...

-Ay, sueñecito mi niño, mi niño rico-se echa saliva rancia en la mano, mientras tose por el sigarro, para peinarse como una vaca que se relambe el pelo-... Hijo, yo sólo quiero que estés con protesión, a mi lado. ¡Mira tu madre...! Aaahahahg-le da un breve brote de tos perruna-... ¡A tu madre se la follaron en la calle unos fachas! ¡Unos fachas...!-le da más tos-Tu puta madre no tenía luces en la cabeza y salió de casa. En casa estaba segura. En casa estás segura... ¡Y EN CASA ESTÁS SEGURO TÚ TAMBIÉN!-se abalanza de improviso contra el muchacho, a la vez que se desabrocha más el holgado pantalón.

-¡¡Pá!! ¡¡Paá...!!

-¡VEN PA´ CÁ CON TU PADRE! ¡Ven con tu padrecito del que saliste!-el niño gime-¡Ven que te proteja con tus hermanitos...!

Y esa era la historia de Yuri el Perforao. Sí, ¿qué? ¿Arrepentidos de haber querido conocerla? Pues ya es demasiao tarde pa´ que se vayan esas imágenes de vuestras cabezas.

El la tasca de Robvincie, la afrenta iba a más. Los tíos con los que me cogí la pelfa ahora eran unos colgaos hasta arriba de adrenalina que estaban matando a patadas en el estómago a ese pobre chico. Yuri Jiliformov.

-¿Qué pasa? ¿Dónde está tu padrecitooo? ¡Eeeehhhh! ¡Jajajajá!

Aunque no soy un hombre de valores altruistas ni un jodido misionero, algo me empujó a dar el primer golpe.

Búñez cayó al suelo de un puñetazo. La sangre salía de sus encías mientras balbuceaba.

-Serás hijoputas malnacido, viejarro fracasado...-y, levantándose-¡Todos sabemos que estás en el cuerpo de policía de Valleviejo sólo porque das pena! ¿Eh, chicos?

-¡¡SÍIII!!

-Voy a meterte en la cárcel por rojazo de mierda.

-Qué alegría, así por fin podré saludar a tu madre de nuevo.

Barullo. Machos cabríos en estampida. Mi cara no quedó muy bien que digamos tras los primeros veinte minutos de pelea. Con suerte, pero sin recordar mucho cómo, salí de aquél tugurio apoyado en los hombros de Roselia de Cásterpolla, la famosa puta.

La nieve en copos caía sobre la calle de otoño a las 5 de la madrugada (y empezaba a currar a las 6...). Sólamente dos figuras cruzaban el cristalizado espacio: Roselia y yo. Conocía a aquella dama de vista, oía que la chupaba de reputísima madre, pero es lo típico que se oye en el barrio de Garrapiñones... Mi ex compañero confesó una vez que era un individuo desviado, un excluso social. Decía, burlándose, que no era una verdadera mujer.

-Te puedes meter por el culo tus verbos, Braulio.

-Marica.

Aquella noche, intercambié más de dos palabras con Roselia. Yo diría que más de mil...

-El cielo hoy está más lleno de estrellas que hace años...-yo, embobado con la bóveda celeste.

-Rocobollo, está usted ebrio...

-Te juro que no lo estoy, que siento la luz de Andrómeda en mis arterias...-cayéndome en el suelo poco a poco.

-¡Que se cae usted, Rocobollo! Déjeme que le ayude a...

Al levantarme del charco del suelo, nuestras frías narices se tocaron. Nos quedamos pegados, y no solo por la gélida temperatura.

-¿Ha sentido las luces de nuevo, Rocobollo?

-Llámame Iruy, por Dios bendito.

Llegamos como un tornado de ventisca al portal de mi piso. Casi ni recuerdo cómo abrí la puerta... Las escaleras fueron una escalinata al cielo, la puerta de mi morada, las Puertas del Paraíso de Ghiberti. Nos arrojamos a la cama como dos animales en su ecosistema. Las sábanas fuera, la ropa volando por los aires. Lo que sentí aquella noche de tardío otoño no fue mero placer, fue el único momento de mi vida en el que he sentido amor por otra persona aparte de mí mismo. Y Rosalia, Rosalia era mi mujer.

A la mañana siguiente, no tuve apenas tiempo para despedirme. El trabajo me reclamaba, y eso era lo único que me daba el pan para comer. Salí de mi cuarto, oriné, y volví a entrar para vertir mis prendas. Ya tendría tiempo de desayunar en la oficina. Café que hedía a cojón.

Al llegar a la Calle 14 del Vicario Venéreo de Viena, lo primero que encontré fue una marabunta de coches de policía agolpados a las puertas del Edificio Linasgravés, un lugar de residencia para estudiantes de Bachiller en adelante. A unas calles adelante se situaba precisamente el Cuartel General de la Policía de Valleviejo, fíjate la coincidencia.

Había recibido noticia de que el suceso había sido un supuesto caso de homicidio en uno de los pisos. Un rarito estudioso llamado Jonathan ``Joe´´ Pringue había sido encontrado muerto ``tieso todo lo largo en el suelo de su escritorio, con una patata frita industrial a su izquierda´´. No testigos, únicamente su hallazgo por parte de una de las vecinas. La prensa se ceba con estos asuntos tan inhóspitos. Sobretodo el diario Cantares de Valleviejo, subvencionado por el podrido Ayuntamiento.

El jodido Pringue tenía sólo 18 años, una indefensa criatura. ¿Quién, si existía culpable alguno, podría haber cometido semejante crimen? Oh, sí, un tío muerto en su habitación, un final solitario... Pero eso es porque aún no sabéis toda la historia. Se había encontrado, durante una primeriza autopsia, que el estómago de Joe Pringue estaba reventado por dentro con una inconmensurable cantidad de una especie de heces azuladas, blandas y húmedas, que tenían en su superficie pequeños lunares morados. Una pesadilla hecha realidad. Incluso en la asquerosa comarca de Valleviejo.

Las horas pasaron y el tumulto de curiosos se disipó. Los polis volvimos al Cuartel y nos pusimos manos a la obra ...los que aún nos resistíamos a vomitar. Me da que ese café amargo de desayuno quedará para otro día...

Llegaron las cinco de la tarde, y para entonces el Comisario Frenández ya me había asignado inspector principal del caso. Seré honesto... Me pegué una siestorra de tres pares de narices. Tenía la resaca de la noche de bailes y peleas... No me quedaban muchas fuerzas para comenzar una investigación seria. La verdad, no tengo ni puta idea de por qué me habían hecho cargo de esta mierda zarrapiñada de asunto. 

Fue entonces cuando recibí la llamada de la madre de Joe Pringue.


Capítulo 4 - 

AVISO:
EL SIGUIENTE RELATO DE FICCIÓN PODRÍA HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNOS ESPECTADORES. QUIEN DECIDA QUEDARSE, ES A SU PROPIA ELECCIÓN.

kdkhsds

lunes, 27 de marzo de 2017

El escritor loco.

Había escrito el comienzo de dos historias cortas, pero no le convencía lo que había hecho. No le veía ese tono... esa temática... no, ese estilo, mejor dicho. Ya... ya no escribía como antes. Sus relatos antes estaban narrados de una forma particular, inspirado por su gran gusto al modo de narrar de Eduardo Mendoza. Era, a grosso modo, su estilo como escritor, más original, menos original, pero estaba definido.

Ahora se dejaba llevar por las vanas costumbres y tendencias mundanas, siguiendo un esquema infalible para ganar la popularidad del público lector, pero sin una identidad propia y personal. Era, por así decirlo, un enjambre de abejas que no tenía una reina definida (¿o sí?). Un pueblo sin alcalde, un equipo sin capitán... un hombre sin mente, es lo que era.

Al escribir, la mano le temblaba, y el fino lápiz de madera de haya se despeñaba de sus dedos como los ánimos de creatividad en su cerebro. Tenía la mirada perdida... Había bebido, pero... no recordaba haberlo hecho. Simplemente, se encontraba sentado en su sillón con ruedas azul, con los débiles codos apoyados en el escritorio.

Sudor frío recorría su frente colorada por la cogorza y el estrés, aunque también sentía esa misma sensación de humedad en todo su cuerpo de marioneta social. Era un estado de trance, del que no se creía capaz de escapar. Él tenía que escribir una nueva exitosa novela para la famosa editorial PuppetLetters, y tenía que hacerlo en esa tarde para entregárselo mañana a sus manos colosales de empresario impositor. Tenía muy poco tiempo para terminar toda la segunda mitad del libro... ``¡Ja! ¡El tiempo es relativo´´, vacilaba con delirio, ``Según aquel científico que entrevisté, Crisóstomo, el tiempo pasa de forma diferente para cada uno de nosotros, y además, dependiendo de la situación mental en que nos encontremos...´´. Miró su reloj de cadenas de oro, y percibió, a duras penas, las agujas que marcaban las ocho y veinte.

Las agujas, sí. ¿Agujas? Sus uñas tenían clavadas agujas de hierro por todo hueco posible. La sangre borboteaba incansablemente de sus heridas infectadas por el óxido de las puntas... No... no sentía sus manos. La respiración...

``¡Ah!´´. Se levantó sobresaltado de una cabezadita que parecía que había dado, sobre el madero del escritorio. Pero algo no cuadraba... ¡Sus manos estaban bien! ¡No había herida alguna! Y ni rastro de esas agujas endemoniadas, que a saber por qué las tenía ahí... Su reloj, sí, el reloj de cadena que le había regalado su mujer por su aniversario de casados, estaba dando las ocho y veintiún minutos. Todo iba normal. Eso que había ocurrido... era como si hubiera tenido una ausencia de estado consciente. Parecía real, era real... Era una sensación de sucesos precipitados. Todo ocurrió muy rápido. No... no sabía exactamente qué diablos había pasado. Tal vez el alcohol que había tomado con exceso, o a lo mejor era el cansancio... No, debía intentar concentrarse en el relato y no en las agujas que marcaban la hora.

La historia iba sobre un niño. Un niño que soñaba con volar. Su madre no le permitía intentarlo, y no le decía el porqué. Día tras día, el niño le preguntaba a la madre si podía volar, pero, soberbia ella, no le dejaba. Una madrugada el niño decidió desobedecer las palabras de su progenitora, y se subió encima de la alcoba de su cuarto, afuera, a la merced de las nubes y el viento. El niño abrió los brazos en posición de avión, poco a poco. Hinchó e inclinó su pecho hacia el frente, tras lo cual se dejó llevar por la fuerza de la inercia natural. Parecía que volaba. Un momento... ¡volaba! ¡Estaba volando! Se iba alejando cada vez más de su casa de adobe y grava, adentrándose en la esponjosidad de las dulces nubes de algodón de azúcar. Todo cogió un tono rosado a su alrededor. Era libre. Era libre y volaba. Su madre nunca tuvo la razón.

Sin embargo, el escritor desesperado no sabía si ese debía ser el final de su fábula. En el mundo real, los niños no vuelan, y las nubes no son de color de rosa. ¿Acaso era esa la conclusión que tenía que tener el libro maldito, o debía contar la verdad sobre lo que le ocurrió a ese pobre niño?

Debía, sí.

Ese niño nunca voló. Cayó en picado desde su balcón y se fracturó quince huesos, entre ellos, los del cráneo. Todo el pueblo acudió a ver la horrible desgracia: la madre sollozando, los ambulanceros corrían a toda prisa para levantar el, ahora, pequeñito cuerpo inerte del niño. Fue un completo espectáculo siniestro. El niño muerto, si hubiese sobrevivido, hubiera padecido una seria enfermedad cerebral degenerativa, la cual le habría amargado el resto de su vida, según los más pesimistas. Pero en aquel lugar también se encontraba un individuo, cuyo nombre era Octavius Srollemann. Él era el hermano mayor del niño que soñaba con volar. Su cara de conmoción al ver la escena siempre será recordada por los pueblerinos que se asomaron a ver.

Solo un capítulo le faltaba para acabar su obra ansiada, y el escritor se había quedado sin ideas. ¿Cómo era eso posible? Un escritor sin ideas, nunca se ha visto antes algo parecido. Las doce y cuarto de la noche eran ya y le quedaban solo unos minutos para enviarle a su jefe el texto, pero nada se le venía a la cabeza. Todo era pánico y confusión en su cabeza. No sabía qué hacer.

De pronto, recordó la verdad. La verdad sobre su vida. Su hermano murió a los siete años, cayó desde un tercer piso. Después de eso, su madre quedó destrozada y él decidió, con dieciocho años, mudarse al sur de Europa, a España, en busca de trabajo y buenos estudios. Al final, ya sabéis adónde consiguió llegar. A este momento, en el que no sabía qué escribir.

Silencio eterno en su cabeza. El niño era real. Él era su hermano. No se creía capaz de haber olvidado su pasado.

Pero, ¿por qué esa manía con querer volar? ¿Qué influencia había tenido el pequeño Olivier?

Su padre. Él había sido.

Trevor Srollemann nunca tuvo las ideas muy claras, ni los clavos de la cabeza bien sujetos. Era un desastre. Bebía. Llegaba a casa como otra persona completamente diferente, según su madre, de a quien había conocido y con quien se casó. Era violento, irritable. Si decías lo más mínimo, te arreaba con la botella de coñac medio rota. No estaba bien de la cabeza. Pero, sin embargo, tenía una parte buena. Había noches en las que iba a la habitación del pequeño y le contaba un cuento para dormir.

``Hay que decir...´´, decía el escritor en voz alta, ``...que papá era bueno en lo que yo me dedico ahora, supongo...´´, vacilaba, mientras miraba la hora en el reloj de muñeca. Al parecer, su padre le contaba historias a su hermano sobre cosas fantásticas, tales como volar, o no tan fantásticas, ya que una vez le oyó farfullar sobre un hombre que le pidió un deseo a un mago, y ese deseo era tener una familia feliz. ``Mi padre era un hombre desgraciado, un hombre al que la vida no le sonrió...´´.

``Y yo... ¿y yo a qué aspiro? ¡No! Debería aprovechar el regalo de existencia que tengo, y que nunca poseyó mi pobre padre...! Ni tampoco mi hermano... ¡Sí, me desataré de esta vida de monotonía e impersonalidad! ¡¡Viviré la vida que nunca pudo saborear Olivier!!



* * *


Los servicios de socorro y de sanidad sacaron el cuerpo sin vida de Octavius Srollemann de su apartamento. Una vecina llamó a la puerta por la mañana, y, al no contestar, la abrió con la llave común del bloque. Octavius Srollemann había fallecido de un ataque al corazón, a los cuarenta y dos años. El hombre que recogieron los camilleros se había convertido en un ``escritor loco´´ en vida, y escritor loco murió.


F I N