lunes, 7 de agosto de 2017

El Jardín de los Deseos.

Capítulo 1 - Cantares de Valleviejo

Andaba el otro día tan campante por el barrio Garrapiñuelo, cuando me topé con el número trescientos setenta y tres del Buñuelou Gazzette´s, un prestigioso aunque morboso periódico local. Tomé el grasiento ejemplar del raspado ladrido, que con tanto sudor enjugado de pobres colonos mestizos había sido labrado, y abrí sus seductoras páginas entre mis agrietados dedos. El contenido del journal era un variopinto escabeche de lo más bizarro: ``Asesinan a una bailarina de polka tres días antes de la gran actuación de su vida, el Viv´s Dance Grand Festival, en circunstancias insospechadas´´, ``El alcaide de la Prisión Peninsular de Valleviejo presenta su dimisión´´, ``Tres niños de origen asiático son detenidos por la violación de una hipopótama encinta´´, ... toda una sarta de espantosos sucesos que solo anunciaban el mal agüero. ``Esta ciudad está podrida´´, pensé.

Tiré el esperpento de noticiario, remontando mi caminata, casi llegando a mi destino como objetivo. El café de Rob´s se presentaba como un lugar al que lo peor de la escoria de Valleviejo: era un antiguo burdel vomitivo que daba hogar a ninfómanos, pederastas, cocainómanos, fans de Jorge Javier Vázquez, borrachos sin esperanza en la vida y la mejor selección de asesinos a sueldo rusos.

-Qué tal, Robvincie.
-Aguahtando jasta que me venga la parca a recogeh...-la obesa propietaria del antro tenía el glorioso honor de poseer el título de Mujer Más Fea de la URSS, cosa que era más que cierta. Los pelos de sus abultadas verrugas me atraían como al más patán de los buscadores de rarezas humanas, mientras que el pobre maquillaje azul celeste de su sombra de ojos hacía un mísero intento de ocultar la repulsión de su ser. Pero ante todo, era una buena tipa. De fiar.

-Esta ciudad apesta.
-Cómo lo sabeh. Oye, ¿qué veníah bujcando, Rocobollo? Te he dejao la pijtah un poco libre pal intehcambio de infohmación que me parlahte.
-Vengo a por el espía doble del Gobierno de Stalin que me propiciaste, Rob.

La Mujer Más Fea de la URSS estaba empeñada en el fregado de un nonagenario plato de una vajilla ya perdida en el suspiro de los vientos estomacales del tiempo. Centrada en su tarea, me respondió.

-Allá al fondo.

Atravesé una horda de pervertidos sociales, para llegar al ala este del bar, en la esquina de las tragaperras. Allí me esperaba un varón de metro ochenta, casi anoréxico, enfundado en un traje de látex rojo tirando para negro de lo más excéntrico. Mi contacto, con la cara cubierta por un pasamontañas también oscuro pero con diseños de Russle Crowe en los costados, se dignó a hablarme, no sin antes pedirme fuego y encenderse una extraña pipeta escarlata.

-¿Tienes algo?
-No.
-¿Hhmn?
-No mucho, pero es... curioso.
-Canta, maricón.
-Ya no estamos en los 50s, Detective Rocobollo, estamos en entrada de siglo. Los tiempos han cambiado.
-Hum.
-Mmmñem... me he enterado que esos estalinistas del segundo milenio están planeando un atentado contra la embajada de España en Kazajstán. Lo tienen todo pensado. Armas, explosivos, estrategia de escape, todo. La van a liar gorda, Detective.
-Tampoco creo que sea para tan...
-Esto te supera, Rocobollo, esto te supera. Erhh... ¡Esto no es como El Caso de la mujer portuguesa degollada en el Apple Store... o La Trama del exministro Cabezañuque, NO! Esto es distinto, tío, y ni tú ni cualquier otro investigador de pocamonta puede evitar lo que va a pasar. Esto...
-¡¿Pero qué me estás contando, alfañique?! No puede ser que vaya a desatarse una guerra...
-Eso, eso mismo es lo que va a suceder, Detective. Yo... yo ya no puedo hacer nada más, solo decirte que un alto secretario de los estalinistas tiene un cortijo aquí, en Valleviejo, donde veranea con la parienta...
-¿Cómo? ¿Dónde est...?
-Pregunta en la Calle Llobregat de Fons de Piñols, te dirán que en la Senda del Canto Pedreguno. Me voy.
-Gumpff...

Salí del triste establecimiento veinte minutos después de irse el informador, no sin antes pagarle la cuenta a Rob y desearle suerte con el entierro de su marido. Al menos, el bueno de Mr Gorbachov no tendría que presenciar el terrible y oscuro futuro que se cernía sobre la comunidad de Valleviejo.


* * *

Capítulo 2 - 

Mi investigación me llevó de la mano como mi madre a la escuela, que en su mohosa tumba descanse, a la Calle Llobregat de Fons de Piñols. Los yonquis te pedían dinero, las rameras te ofrecían su cuerpo perfumado a coliflor añeja y el ambiente apestaba a humo de cigarro mal apagado. A uno le cuesta pasar desapercibido en una pasarela como esta, donde cualquier despojo humano te puede rajar en canal en cualquier momento. Subí treinta pisos de un pútrido edificio, lo que provocó inimaginables ganas de comer en mi hueco estómago. La ira me consumía, pero al fin desembarqué en la planta 31, y toqué el timbre del apartamento 344, que previamente había llamado en el recibidor de la entrada, a lo que me había respondido una voz áspera, pero un tanto inocente.

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