lunes, 7 de agosto de 2017

El Jardín de los Deseos.

Capítulo 1 - Cantares de Valleviejo

Andaba el otro día tan campante por el barrio Garrapiñuelo, cuando me topé con el número trescientos setenta y tres del Buñuelou Gazzette´s, un prestigioso aunque morboso periódico local. Tomé el grasiento ejemplar del raspado ladrido, que con tanto sudor enjugado de pobres colonos mestizos había sido labrado, y abrí sus seductoras páginas entre mis agrietados dedos. El contenido del journal era un variopinto escabeche de lo más bizarro: ``Asesinan a una bailarina de polka tres días antes de la gran actuación de su vida, el Viv´s Dance Grand Festival, en circunstancias insospechadas´´, ``El alcaide de la Prisión Peninsular de Valleviejo presenta su dimisión´´, ``Tres niños de origen asiático son detenidos por la violación de una hipopótama encinta´´, ... toda una sarta de espantosos sucesos que solo anunciaban el mal agüero. ``Esta ciudad está podrida´´, pensé.

Tiré el esperpento de noticiario, remontando mi caminata, casi llegando a mi destino como objetivo. El café de Rob´s se presentaba como un lugar al que lo peor de la escoria de Valleviejo acudía: era un antiguo burdel vomitivo que daba hogar a ninfómanos, pederastas, cocainómanos, fans de Bertón Liefieldo, borrachos sin esperanza en la vida y la mejor selección de asesinos a sueldo rusos.

-Qué tal, Robvincie.
-Aguahtando jasta que me venga la parca a recogeh...-la obesa propietaria del antro tenía el glorioso honor de poseer el título de Mujer Más Fea de la URSS, cosa que era más que cierta. Los pelos de sus abultadas verrugas me atraían como al más patán de los buscadores de rarezas humanas, mientras que el pobre maquillaje azul celeste de su sombra de ojos hacía un mísero intento de ocultar la repulsión de su ser. Pero ante todo, era una buena tipa. De fiar.

-Esta ciudad apesta.
-Cómo lo sabeh. Oye, ¿qué veníah bujcando, Rocobollo? Te he dejao la pijtah un poco libre pal intehcambio de infohmación que me parlahte.
-Vengo a por el espía doble del Gobierno de Stalino que me propiciaste, Rob.

La Mujer Más Fea de la URSS estaba empeñada en el fregado de un nonagenario plato de una vajilla ya perdida en el suspiro de los vientos estomacales del tiempo. Centrada en su tarea, me respondió.

-Allá al fondo.

Atravesé una horda de pervertidos sociales, para llegar al ala este del bar, en la esquina de las tragaperras. Allí me esperaba un varón de metro ochenta, casi anoréxico, enfundado en un traje de látex rojo tirando para negro de lo más excéntrico. Mi contacto, con la cara cubierta por un pasamontañas también oscuro pero con diseños de Russle Crowenio en los costados, se dignó a hablarme, no sin antes pedirme fuego y encenderse una extraña pipeta escarlata.

-¿Tienes algo?
-No.
-¿Hhmn?
-No mucho, pero es... curioso.
-Canta, maricón.
-Ya no estamos en los 50s, Detective Rocobollo, estamos en entrada de siglo. Los tiempos han cambiado.
-Hum.
-Mmmñem... me he enterado que esos estalinistas del segundo milenio están planeando un atentado contra la embajada de España en Kazajstán. Lo tienen todo pensado. Armas, explosivos, estrategia de escape, todo. La van a liar gorda, Detective.
-Tampoco creo que sea para tan...
-Esto te supera, Rocobollo, esto te supera. Erhh... ¡Esto no es como El Caso de la mujer portuguesa degollada en el Apple Store... o La Trama del exministro Cabezañuque, NO! Esto es distinto, tío, y ni tú ni cualquier otro investigador de pocamonta puede evitar lo que va a pasar. Esto...
-¡¿Pero qué me estás contando, alfañique?! No puede ser que vaya a desatarse una guerra...
-Eso, eso mismo es lo que va a suceder, Detective. Yo... yo ya no puedo hacer nada más, solo decirte que un alto secretario de los estalinistas tiene un cortijo aquí, en Valleviejo, donde veranea con la parienta...
-¿Cómo? ¿Dónde est...?
-Pregunta en la Calle Llobregat de Fons de Piñols, te dirán que en la Senda del Canto Pedreguno. Me voy.
-Gumpff...

Salí del triste establecimiento veinte minutos después de irse el informador, no sin antes pagarle la cuenta a Rob y desearle suerte con el entierro de su marido. Al menos, el bueno de Mr Gorbachov no tendría que presenciar el terrible y oscuro futuro que se cernía sobre la comunidad de Valleviejo.


* * *

Capítulo 2 - Rock you like a hurricane

Mi investigación me llevó de la mano como mi madre a la escuela, que en su mohosa tumba descanse, a la Calle Llobregat de Fons de Piñols. Los yonquis te pedían dinero, las rameras te ofrecían su cuerpo perfumado a coliflor añeja y el ambiente apestaba a humo de cigarro mal apagado. A uno le cuesta pasar desapercibido en una pasarela como esta, donde cualquier despojo humano te puede rajar en canal en cualquier momento. Subí treinta pisos de un pútrido edificio, lo que provocó inimaginables ganas de comer en mi hueco estómago. La ira me consumía, pero al fin desembarqué en la planta 31, y toqué el timbre del apartamento 344, que previamente había llamado en el recibidor de la entrada, a lo que me había respondido una voz áspera, pero un tanto inocente.

Treinta candados se tuvieron que abrir, poniendo mi fina paciencia a prueba. La puerta abierta me desveló a un joven de unos 37 años, pero, debido a su mal cortada barba y a su greñada melena rubia, parecía tener más edad que esa, no sin olvidar sus penosas ojeras provocadas por un intenso consumo de crack, cuyo humo se percibía en el ambiente. Vestía una camisa de manga larga blanca, por encima un jersey de rayas verdes y negras, y en sus flacas piernas unos vaqueros notablemente rotos.

-¿Con quién hablo?
-Detective Rocobollo, ¿y tú?
-Curtis Kobáinez. Pasa.

Su casi metrocuadrático apartamento estaba decorado con infinidad de posters de bandas de rock, heavy y grunge de las últimas dos décadas: Metallicosa, Ejcorpioneh, Soundogarden, Pinky Floydo... Su camastro era un caos y una pocilga, y su escritorio estaba lleno de folios con fallidas letras de canciones. Encima la mesilla de noche había un revólver.

-Me han enviado aquí porque dicen que tú sabes dónde reside el alto secretario de los neoestalinistas... Dicen que tiene un cortijo en la Senda del Canto Pedreguno, pero supongo que tú tienes más exacta información.
-Verás... yo ya no actúo, marioneta... Lo dejé hace ya medio año. Nos llamábamos Nervena, yo y los chicos éramos geniales, pero gracias a la movidita con Gons and Rosos y a esa tía y mi hija... estoy en la mierda.
-¿Marioneta? ¿Nervonio? ¿Hija? ¿Me estás tomando por imbécil, perroflauta?
-Oh no, yo no... Nosotros nunca hemos perdido el control... fue el hombre que vendió el mundo...
-¿Qué hombre? ¿El alto secretario?
-Sí... creo que sí... ¡Ah! Estoy tan feliz... porque hoy he encontrado a mis amigos...
-¿Nos pueden ayudar?
-...que están en mi cabeza.
-Qué cojo... ¡¡Háblame claro, greñudo!!
-Sí, soy tan feo... ¡y eso está bien...!
-Dónde. Está. El neoestalinista. ¡Ya!
-Lo vi el domingo por la mañana, aunque eso es todos los días...
-¿Dónde lo viste?
-En la cárcel, la peninsular... Estaba haciendo trapicheos. Quería sacar a un pez gordo de la cárcel.
-No... me jodas-me quedé en shock-¡¡Tengo que impedírselo!!
-No corras... ese tío irá a la hora del almuerzo...

Me quedé en silencio. Sentí una gran pena por ese chaval. Tan joven, tan talentoso con los versos... y estaba en este estado de depresión. Decidí preguntarle por eso.

-Oye... Curtis... ¿estás bien? Te noto... apagado.
-Sí... Verás. yo antes no era así... Era un tío superfiestero, cuando acudía a un botellón era un maldito huracán. ¿Sabes? Me decían que les recordaba a una canción... Mmm, diablos, ¿cuál era?
-¿Rock you...?
-¡Ah, sí! Rock you like a hurricane... Me encantaba. Cuando me sentía mal, cuando caía en un punto bajo... la escuchaba. Y me hacía levantarme. Y seguir adelante. Porque no importa cuántas veces te peguen una patada en el estómago... Tú tienes que salir ahí y luchar...

Mientras nuestros dos protagonistas hablaban sobre una canción del `84, la tierra estaba temblando. Y no por un huracán. Treinta sicarios soviéticos enfundados en trajes negros y cargados de armas hasta los dientes estaban subiendo las escaleras del edificio.

-...me dieron una vez, por mi cumpleaños, la canción en una cinta...

Cuatro pisos. Tres pisos. Dos pisos.

-¿...dónde estará...? ¡Ah, joder, sí! Aquí en mi mesilla...

Un piso.

-Mira, espera que la ponga en el caset... oh sí... ¡aquí está!
-Un momento, Curtis... ¿no oyes eso? Son como pisadas...
-Lo más seguro es que nos hayan interceptado... oh sí, here i am...
-ME CAGO EN LA PUTA.
-Corre. Oh sí... here i am, rock you like a hurricane...

Los pasos se acercaban. Estaban en la puerta.

-¡Oh, no! ¡Tenemos que huir!
-Sálvate tú... yo ya estaba muerto...
-¡¡No, Kobáinez!!
-¡¡He dicho que huyas, coño!! The bitch is hungry, she needs to tell... so give her inches and feed her well...
-Kobáinez...-esas fueron las últimas palabras que le dirijí, antes de tapar mi rostro con mi fular marrón y saltar a las escaleras de incendios por la estrecha ventana de su habitación. Dentro, el rockero retirado seguía cantando.

-More days to come, new places to go...
i´ve got to leave, it´s time for a show...

Habían llegado.

-Here i am...

Se iban a liar a tiros. Cuestión de tiempo.

-Rock you like a hurricane...

Me alejaba corriendo entre los contenedores. Giré un momento la vista atrás...

-Here i am...

Curtis Kobáinez cogió su revólver.

-Rock you like a hurricane...!

Se pegó un tiro en la sien.

Corrí como el diablo en el infierno de aquella manzana. Curtis Kobáinez había optado por la salida más fácil. Curtis Kobáinez había decidido morir dignamente. Curtis Kobáinez no se había dejado vencer por sus adversidades.

Yo ahora estaba en busca y captura por los neoestalinistas. Los neoestalinistas habían corrompido el Gobierno del Ayuntamiento de Valleviejo hasta la médula. Yo era un preso fugado. Y yo me dirigía a la prisión.


* * *

Capítulo 3 - 


lunes, 27 de marzo de 2017

El escritor loco.

Había escrito el comienzo de dos historias cortas, pero no le convencía lo que había hecho. No le veía ese tono... esa temática... no, ese estilo, mejor dicho. Ya... ya no escribía como antes. Sus relatos antes estaban narrados de una forma particular, inspirado por su gran gusto al modo de narrar de Eduardo Mendoza. Era, a grosso modo, su estilo como escritor, más original, menos original, pero estaba definido.

Ahora se dejaba llevar por las vanas costumbres y tendencias mundanas, siguiendo un esquema infalible para ganar la popularidad del público lector, pero sin una identidad propia y personal. Era, por así decirlo, un enjambre de abejas que no tenía una reina definida (¿o sí?). Un pueblo sin alcalde, un equipo sin capitán... un hombre sin mente, es lo que era.

Al escribir, la mano le temblaba, y el fino lápiz de madera de haya se despeñaba de sus dedos como los ánimos de creatividad en su cerebro. Tenía la mirada perdida... Había bebido, pero... no recordaba haberlo hecho. Simplemente, se encontraba sentado en su sillón con ruedas azul, con los débiles codos apoyados en el escritorio.

Sudor frío recorría su frente colorada por la cogorza y el estrés, aunque también sentía esa misma sensación de humedad en todo su cuerpo de marioneta social. Era un estado de trance, del que no se creía capaz de escapar. Él tenía que escribir una nueva exitosa novela para la famosa editorial PuppetLetters, y tenía que hacerlo en esa tarde para entregárselo mañana a sus manos colosales de empresario impositor. Tenía muy poco tiempo para terminar toda la segunda mitad del libro... ``¡Ja! ¡El tiempo es relativo´´, vacilaba con delirio, ``Según aquel científico que entrevisté, Crisóstomo, el tiempo pasa de forma diferente para cada uno de nosotros, y además, dependiendo de la situación mental en que nos encontremos...´´. Miró su reloj de cadenas de oro, y percibió, a duras penas, las agujas que marcaban las ocho y veinte.

Las agujas, sí. ¿Agujas? Sus uñas tenían clavadas agujas de hierro por todo hueco posible. La sangre borboteaba incansablemente de sus heridas infectadas por el óxido de las puntas... No... no sentía sus manos. La respiración...

``¡Ah!´´. Se levantó sobresaltado de una cabezadita que parecía que había dado, sobre el madero del escritorio. Pero algo no cuadraba... ¡Sus manos estaban bien! ¡No había herida alguna! Y ni rastro de esas agujas endemoniadas, que a saber por qué las tenía ahí... Su reloj, sí, el reloj de cadena que le había regalado su mujer por su aniversario de casados, estaba dando las ocho y veintiún minutos. Todo iba normal. Eso que había ocurrido... era como si hubiera tenido una ausencia de estado consciente. Parecía real, era real... Era una sensación de sucesos precipitados. Todo ocurrió muy rápido. No... no sabía exactamente qué diablos había pasado. Tal vez el alcohol que había tomado con exceso, o a lo mejor era el cansancio... No, debía intentar concentrarse en el relato y no en las agujas que marcaban la hora.

La historia iba sobre un niño. Un niño que soñaba con volar. Su madre no le permitía intentarlo, y no le decía el porqué. Día tras día, el niño le preguntaba a la madre si podía volar, pero, soberbia ella, no le dejaba. Una madrugada el niño decidió desobedecer las palabras de su progenitora, y se subió encima de la alcoba de su cuarto, afuera, a la merced de las nubes y el viento. El niño abrió los brazos en posición de avión, poco a poco. Hinchó e inclinó su pecho hacia el frente, tras lo cual se dejó llevar por la fuerza de la inercia natural. Parecía que volaba. Un momento... ¡volaba! ¡Estaba volando! Se iba alejando cada vez más de su casa de adobe y grava, adentrándose en la esponjosidad de las dulces nubes de algodón de azúcar. Todo cogió un tono rosado a su alrededor. Era libre. Era libre y volaba. Su madre nunca tuvo la razón.

Sin embargo, el escritor desesperado no sabía si ese debía ser el final de su fábula. En el mundo real, los niños no vuelan, y las nubes no son de color de rosa. ¿Acaso era esa la conclusión que tenía que tener el libro maldito, o debía contar la verdad sobre lo que le ocurrió a ese pobre niño?

Debía, sí.

Ese niño nunca voló. Cayó en picado desde su balcón y se fracturó quince huesos, entre ellos, los del cráneo. Todo el pueblo acudió a ver la horrible desgracia: la madre sollozando, los ambulanceros corrían a toda prisa para levantar el, ahora, pequeñito cuerpo inerte del niño. Fue un completo espectáculo siniestro. El niño muerto, si hubiese sobrevivido, hubiera padecido una seria enfermedad cerebral degenerativa, la cual le habría amargado el resto de su vida, según los más pesimistas. Pero en aquel lugar también se encontraba un individuo, cuyo nombre era Octavius Srollemann. Él era el hermano mayor del niño que soñaba con volar. Su cara de conmoción al ver la escena siempre será recordada por los pueblerinos que se asomaron a ver.

Solo un capítulo le faltaba para acabar su obra ansiada, y el escritor se había quedado sin ideas. ¿Cómo era eso posible? Un escritor sin ideas, nunca se ha visto antes algo parecido. Las doce y cuarto de la noche eran ya y le quedaban solo unos minutos para enviarle a su jefe el texto, pero nada se le venía a la cabeza. Todo era pánico y confusión en su cabeza. No sabía qué hacer.

De pronto, recordó la verdad. La verdad sobre su vida. Su hermano murió a los siete años, cayó desde un tercer piso. Después de eso, su madre quedó destrozada y él decidió, con dieciocho años, mudarse al sur de Europa, a España, en busca de trabajo y buenos estudios. Al final, ya sabéis adónde consiguió llegar. A este momento, en el que no sabía qué escribir.

Silencio eterno en su cabeza. El niño era real. Él era su hermano. No se creía capaz de haber olvidado su pasado.

Pero, ¿por qué esa manía con querer volar? ¿Qué influencia había tenido el pequeño Olivier?

Su padre. Él había sido.

Trevor Srollemann nunca tuvo las ideas muy claras, ni los clavos de la cabeza bien sujetos. Era un desastre. Bebía. Llegaba a casa como otra persona completamente diferente, según su madre, de a quien había conocido y con quien se casó. Era violento, irritable. Si decías lo más mínimo, te arreaba con la botella de coñac medio rota. No estaba bien de la cabeza. Pero, sin embargo, tenía una parte buena. Había noches en las que iba a la habitación del pequeño y le contaba un cuento para dormir.

``Hay que decir...´´, decía el escritor en voz alta, ``...que papá era bueno en lo que yo me dedico ahora, supongo...´´, vacilaba, mientras miraba la hora en el reloj de muñeca. Al parecer, su padre le contaba historias a su hermano sobre cosas fantásticas, tales como volar, o no tan fantásticas, ya que una vez le oyó farfullar sobre un hombre que le pidió un deseo a un mago, y ese deseo era tener una familia feliz. ``Mi padre era un hombre desgraciado, un hombre al que la vida no le sonrió...´´.

``Y yo... ¿y yo a qué aspiro? ¡No! Debería aprovechar el regalo de existencia que tengo, y que nunca poseyó mi pobre padre...! Ni tampoco mi hermano... ¡Sí, me desataré de esta vida de monotonía e impersonalidad! ¡¡Viviré la vida que nunca pudo saborear Olivier!!



* * *


Los servicios de socorro y de sanidad sacaron el cuerpo sin vida de Octavius Srollemann de su apartamento. Una vecina llamó a la puerta por la mañana, y, al no contestar, la abrió con la llave común del bloque. Octavius Srollemann había fallecido de un ataque al corazón, a los cuarenta y dos años. El hombre que recogieron los camilleros se había convertido en un ``escritor loco´´ en vida, y escritor loco murió.


F I N

miércoles, 18 de enero de 2017

La Gorgona Medusa de Golden Warrior 99.

<<Hace más de 2000 años, las guerras eran como el pan de cada día. No sabías si, cuando te alistabas al ejército de tu pueblo, ibas a poder ver la luz del amanecer de la mañana siguiente. En fin, uno de esos grandes pueblos era Grecia. Cuando hoy en día ves su preocupante crisis económica, antiguamente era una de las primeras potencias del mundo conocido. Disponía de cientos de legiones dispuestas a masacrar al enemigo. Los adversarios de Grecia no solo solían ser humanos (como la misma Roma, imitadora de sus costumbres, pero no en paz con la Península del Mar Egeo), sino también atroces bestias sedientas de sangre provenientes de la imaginación de la más macabra de las mentes. Basiliscos, hidras, gigantes colosales, brujas, demonios iracundos y lo que quisieran los dioses. Zeus era, por decirlo de alguna manera, el que se llevaba bien con los humanos mortales, aunque no os creáis que era un santo, ya que, a la mínima que les caía mal un necio rey, desolaban comarcas enteras, y a veces, solo por satisfacción, por un mero sentimiento de grandeza. Por el otro lado, tenemos al Hades, Plutón, el Diablo en Carne, es decir, el rey y soberano del Inframundo, el reino de los muertos. Hasta allí llegaban las almas humanas que no conseguían, al final de sus vidas, el beneplácito de los dioses del Olimpo para encontrarse con ellos y vivir eternamente. Bueno, en El País de la Desolación también se recibía una eternidad, pero era una interminable existencia plagada de miseria, castigo, injurias, enfermedad, pecado, horror ...y arder en las llamas del estómago del Hades.
Nuestra historia comienza en Atenas, la capital griega, en la que un guerrero pedía justicia para su madre y para sí mismo. Ese bárbaro varón era Perseo, hijo semidios de Zeus y de una princesa de origen extranjero. El pueblo de Grecia no reconocía la pertenencia de la madre y el hijo a su imperio. Los abucheaba con ramas de espinos y antorchas (encendidas por el dios del fuego y la fragua, Vulcano, que tenía una mala relación con Zeus). El gobernador de Atenas, padrastro de Perseo, dejaba su mirada de poder sobre la que fuera su familia, y ordenaba quemar vivos a los dos indefensos. En el último instante, el bárbaro hijo le propone al gobernador que le traerá lo que quiera para que los deje libres. A esto, él le contesta que sí hay algo que quiera con todas sus fuerzas, pero que su anciana edad no le permite obtener por sus propias manos. ``Es la Gorgona Medusa. Esa escoria asesinó a mi verdadero hijo... ¡lo convirtió en piedra! Tráeme su cabeza, y no os mataré´´. Dicho esto, Perseo se disponía a liberar también a su madre, pero su padrastro dijo: ``¡Para esas vanas intenciones, bastardo! Tu madre se queda aquí, y hasta que no regreses con la cabeza de la Gorgona, no la soltaré a tus brazos ...sino que estará entre los míos´´. ``¡No!´´, gritó Perseo, mientras veía la horrible sonrisa del tirano. ``¡Sálvate tú, hijo mío, ve y sálvanos a los dos!¡Tú eres hijo de los dioses y...!´´; ``¡¡Blasfemias, patrañas, habladurías!! ¡Pueblo de Atenas, no creáis las palabras que se deslizan de la boca de esta hereje, porque no son verdad!´´. Tras una pausa, dijo: ``¡Zarpa por las turbulentas aguas del Egeo, Perseo infame, y encontrarás la gloria de tu despreciable familia!´´
El joven rubio y fornido caminó hacia una barca de madera carcomida, desatracó el ruin navío y se embarcó en un viaje que no le depararía nada bueno.
Por las turbias aguas del legendario mar pasaron veinte semanas. La soledad no fue una preocupación para Perseo, ya que su padrastro mandó a acompañar al muchacho a un pintoresco grupo de singulares individuos: primero, Gorton, un bonachón campesino que solo buscaba un poco de calderilla; en segundo lugar, un mozalbete puberto, cubierto de granos pustulentos, al que le conocían como Kimbo, y que tenía fama de sabandija; después, un desconfiable trasgo, con el nombre de Ínfermus; y, en último lugar, una vieja profetisa decrépita, que decía que era la Sibila de Cumas, a la que habían trasladado de templo en templo y de cárcel en cárcel, y que, en Atenas, la habían apresado por colarse en la Sala Secreta del Templo de Atenea (la diosa de la sabiduría y las estrategias), afirmando que podía contactar con ella. Eran, en total, cinco los aventureros en este viaje, del que, obviamente, no van a sobrevivir todos.
Un día avistaron un cúmulo verde en el horizonte azul, que pensaron que podía ser un islote, del que, si había suerte, recogerían los plátanos dorados de las palmeras, que les servirían de víveres para el último trecho de su rumbo hacia la Caverna de las Gorgonas. Llegados a este punto, los miembros menos audaces de la tripulación se aventuraron a escalar los árboles tropicales, en busca del buen saciar de sus estómagos, cuando de las amplias hojas de aquellas plantas emergieron cientos de sierpes, que atentaron contra las despreciables vidas de Gorton y Kimbo, que se vieron atrapados en un ahogamiento fatal. El oxígeno les faltaba, no había escapatoria, mas la amenazante figura de Perseo se alzó frente a las víboras escarlatas. El griego, con sus venosos puños de acero, agarró a las inmundas criaturas, y acto seguido, las partió a todas en dos de una vez. ¡Oh, gotas de sangre salpicaron los rostros de los pobres marineros! Me diréis, que unas pocas gotas de sangre no son nada, pero lo que os voy a contar cambiará la perspectiva de como veis la situación. Dado su largo camino evolutivo, las serpientes del diablo habían desarrollado una habilidad biológica que hacía que, cuando fueran capturadas y sacrificadas, su sangre se infectara de veneno corrosivo. Podéis imaginaros cómo quedaron las caras y pieles de los míseros aventureros.
Transcurrieron seis días de este episodio, cuando se habían acabado los alimentos y todo tipo de bebida no salina. Esto significó que, cruelmente, la triste tripulación sucumbió al canibalismo. En esa maldita barcaza se contemplaron cosas horribles... Compañero pegaba un mordisco a compañero, pieles en carne viva, locura,... gula. Perseo nunca comió ni dejó ser comido, pero el último de los comehombres que quedó fue el hábil de Kimbo. Ya que contra su líder musculoso no podía ganar, el único postre que le quedaba era la vieja profetisa decrépita. Era un plato difícil de engullir, ya que la superficie de la piel del vejestorio estaba sembrada de pústulas, costra, sudor frío, vello añejo y un notable hedor a vómito de asno, heces y orina. Debido a lo peliaguda que era la situación, Kimbo El Kaníbal optó por arrojarse al hondo mar y bucear en busca de peces, pero fue tal el mal augurio que, por la oscuridad de la noche en la que se encontraban, cayó de cabeza sobre una roca y nunca se supo más de él.
Aunque la suerte de los dioses se tornó a favor de Perseo y la Sibila de Cumas, que, al amanecer, atracaron el paquebote en una inmaculada playa. ``La Caverna está cerca, lo presiento´´, comentó la anciana. ``Gracias, Sibila... ¿y por dónde?´´, le preguntó el joven. La profetisa le condujo por el interior de una verde selva, en la que creyeron escuchar el canto de unas amazonas. Al fin, se encontraron en frente de la siniestra cueva. ``Sabe que esto no será fácil, Sibila. Váyase usted lo más lejos posible de este lugar... yo me encargaré del monstruo´´. La sabia hizo caso del muchacho, y él se adentró en el peligro. El interior de la Caverna estaba oscuro y húmedo, pero asfixiante. En un cierto momento vio dos luces rojas, posiblemente de dos antorchas. Oh, crédulo de él, esas luces no eran antorchas, sino los intensos ojos de la Gorgona Medusa. Perseo reaccionó a tiempo, ya que se cubrió con un pedazo de espejo-escudo que había traído de Atenas. ``¡No podrás matarme, bestia, tengo esto!´´; ``Yo no me confiaría tanto, ingenuo´´. Medusa se acercó con frenesí e intentó arrebatarle el escudo. Pero una voz sonó detrás de ellos: ``Puede que posea el cuerpo de la fallecida Sibila de Cumas, pero mi alma es la de la inmortal diosa Atenea´´. El cuerpo en descomposición de la vieja cayó sin vida al suelo, y de él se alzó la gran Atenea, en forma incorpórea, espiritual. ``Como ves, Gorgona, soy una diosa olímpica, así que obedece y deja al héroe en paz´´. ``¿Héroe?´´, pensó Perseo para sus adentros. Medusa hizo caso omiso de Atenea, y ésta, por un maleficio que lanzó la criatura de leyenda, se evaporó. Ahora, Perseo estaba a merced de la muerte, pero se dignó a clamar: ``¡¡Espera!! ¡He venido a cortarte la cabeza por un trato, un trato que es un castigo para ti! ¡Dice el gobernador de Atenas que tú convertiste en piedra a su hijo!´´. Medusa enfureció, pero se dignó a hablar: ``¡Yo no... yo no asesiné a voluntad a ese desdichado malnacido! Todo el mundo cree las palabras que se contaron mal, pues no lo hice, sino que mi madre, la híbrida Equidne, mitad mujer mitad serpiente, me obligó a hacerlo´´. Hizo una pausa. La Gorgona ya no le atacaba, y él escuchaba atentamente. ``De hecho, todas las muertes a manos mías fueron impulsadas realmente por ella. Ella... ´´. De repente, Equidne apareció y sepultó a ambos seres con su cola reptil. ``¡Me has insultado, hija! No dices nada más que sandeces... Por esto, ¡te arrancaré la cabeza tal y como quieren los humanos!´´. Perseo, inmediatamente enamorado de Medusa, gritó a pleno pulmón: ``¡¡Noooooooooooooooo!!´´. El bello rostro verdáceo de la Gorgona rodó por los suelos, y Perseo sabía lo que tenía que hacer. Cogió el escudo y destripó a Equidne. De ella salieron un caballo alado, al que él llamó Pegaso, y un bonachón gigante, Crisor, un coloso del tiempo. Perseo besó la frente de Medusa, se despidió del titán y voló hacia Atenas sobre el corcel volador, con la cabeza en sus culpables manos.
Perseo El Héroe llegó a su ciudad. Entró en el Palacio Real. Lanzó la cabeza de su amada a los pies del soberano y gritó: ``¡Aquí tienes lo que querías! ¡¿Y mi madre?!´´. ``Muchas gracias por tu presente, pero has llegado tarde... tu madre murió de maneras grotescas... por mi cuerpo´´. El semblante de Perseo reflejaba la tragedia de su misión, su honor... ¡su madre! Con la ira de un toro, arremetió con su puño contra el pecho de su padrastro, sacándole de las costillas su indigno corazón. El cruel cayó al suelo.
Perseo El Herido De Corazón salió del Palacio Real, no sin antes prender en flamígeas llamas la residencia del Rey Muerto, llegando el fuego a acabar con las vidas de sus más altos seguidores. El Que Ya No Era Un Muchacho montó en Pegaso, su fiel rocín, y nunca jamás volvió a Atenas.
Unos dicen que se fue en busca de la verdadera gloria, a conquistar las tierras del Gigante Atlas.
Otros dicen que se exilió a los lejanos parajes invernales de Asia, con el objetivo de encontrar un retiro espiritual.
Y otros cuentan que, simplemente, llegó a una taberna de mala muerte (de una ciudad de la que no sé el nombre) y se bebió una buena birra.


Pero eso sí, se juró a sí mismo que el nombre de Medusa ...quedaría honrado>>.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Australian girl.

Año 2156. Badajoz, España. La tecnología está en su punto más alto, tanto, que es el principal tema de la vida de los humanos de esta era. La industria del videojuego ha evolucionado a algo más. Algo, que, a los más conservadores, ha llevado a temerla...

Los juegos forman parte de la rutina diaria (además de la visualización semanal de un programa internacional conocido como Gran Germano, en el que se lleva a unos alemanes de pura raza a una casa, y se hace que interactúen entre ellos, y, si es posible, que copulen), ya que los humanos siempre llevan colocados en sus cabezas el Holocrón de Realidad Virtual, por lo cual no visitan mucho el mundo real.

Fabio era un chaval de trece años al que le gustaban los videojuegos de Rol SCI-FI, combinados con el género del ``shoot-and-reshoot´´, y además, con un saborcillo a los libros de fantasía y mazmorras de Ned Rufflecksenn, ``Las Crónicas de Zuruyia´´. En esto, que se encontraba deambulando en la RV por la Sala de Inicio de Juegos de Conquistas Galácticas, cuando vio en el listado de jugadores una imagen de perfil que le llamó la atención. En ella se mostraba a una bella y joven fémina de más o menos su edad, y, por su historial de juegos se veía que era una tipa dura en el Jalo: Feach.

Entonces, el joven Fabio se dirigió como un caballero de Zorindarr hacia el server, con valentía, directo a preguntar a la tal ``KoalaDear89´´ si quería acompañarle en una nueva aventura en Jalo: Feach.

-Hola, soy FabiuSxRzR7, ¿querrías...?
-¿Para qué co** me dices tu p*** gamertag, pringao? ¡Si ya lo pone encima de tu cabeza!
-Yo... lo... lo siento, no pensaba con claridad... Bueno, ¿te apetecería...?
-No, yo no juego con blubrux como tú, ``FabiuS´´. Vete a por una como tú...

Fabio se quedó con una cara de incógnita nunca vista en ese mundo. Tenía la boca tan abierta del ridículo que había hecho, que se le entraron doscientas moscas digitales. Inmediatamente, se asfixió y murió. No. No es verdad. Quedarse con vida fue peor experiencia.

-¡¡Eh, ehh, no te vayas!!
-¿Qué quieres ahora, capu***?
-Erh... ¿qué podría hacer yo para que accedas a una sola partida conmigo?
-Mmm... ¡eso suena interesante!-se quedó pensando un rato-¡Ya sé! Tengo un recadito, pero es en el mundo real.
-¡¿Qué?! Eso... ¡eso es terrorífico! ¡No puedo salir de aquí, estoy tan enviciado a esta realidad virtual que no puedo salir a mi cuerpo de carne! ¿Y si me muero?
-Pues entonces lo que haré es vender tus restos por el mercado negro...
-¡Eh!
-No, tranquilo, no te pasará nada ahí afuera, caramierda.

FabiuS frunce el ceño por el insulto. Y después dice la palabra más decisiva en su vida:

-Acepto.


* * *

La sensación que experimentó Fabio al salir de la conexión del Holocrón fue como... renacer. Sentía su piel. El frío sobre ella. Hacía frío. Era invierno. Pero... ¿dónde vivía él para que hiciera tanto frío?

No era frío. Era la sensación de aire de verdad en su cuerpo. Sus neuronas estaban experimentando algo indescriptible. Vivir.

Fue, con tropiezos, a su añorado escritorio. En el calendario de papel ponía que era lunes, y en el reloj de cristal, las cinco de la madrugada. ¿Cómo podía ser eso? ¿Tan sumido estaba el mundo en la RV que se habían descuidado y ya no había colegio? Era todo muy confuso.

A través de la amplia cristalera de su ventana (vivía en un rascacielos) se vislumbraban las luces de la ciudad. ¿Ciudad? Si toda la gente estaba en el mundo virtual, eso no era una ciudad. Era... un futuro cementerio. Pero no podía ser así, ¿o no? Fabio cogió abrigo, un bolso y se comió unas Sdickers, para asegurarse de que tenía energía. KoalaDear no le había dicho cuál era el trato, pero sí dónde se reunirían. La Menacho Street. Le caía cerca.

Salió de la que era su casa y tomó el ascensor, para bajar a la planta cero. El silencio en la caja metálica fue agotador. En aquella época, no había música en los elevadores. Silencio.

En un momento de gloria, sonó el ``¡ting!´´ del anuncio de la apertura de la máquina. Afuera, solo había una tenue pero presente neblina. Las puertas del hall estaban de par en par... ¿por qué? Eso no importaba, se dijo a sí mismo, tenía que salir y reunirse con la malhablada chica.

Silencio. Niebla. Cristal. Silencio. Niebla. Silencio. Ya casi llegaba a la puerta. Niebla. Sil... Gemidos de agonía. Eso asustó al joven, que se echó hacia atrás. No sabía qué cojones era ese ruido. Cada vez se oía con más claridad. La incertidumbre. El temor a lo desconocido. Ya. Ya. ¡Ya! Un pobre hombre con la cara magullada y con pústulas se arrastraba con sufrimiento por el suelo, hacia él. Estaba ensangrentado por todas partes. No... no tenía piel. ¡Estaba en carne viva!

Fabio cada vez estaba más aterrado. Al fin, se consiguió percibir algo de la boca del desgraciado:

-Ayudameeeee...
-¿Q-quién...?
-Aaahhh...
-No se acerque...
-Ayudame, joveeenn... El-ellossss...
-¿Quiénes? ¿Dónde?
-Los vivosss... enacho... street...
-¿Vivos? ¿Lo... los vivos? ¿A qué se refiere con eso?
-Noooo... te vaaaayasss... allí...
-No. No. No... ¡¡Nooo!!

El pobre despojo se aferró a su pierna, como si su amarga vida fuese en ello.

-¡¡¡Tienes que ayudarrmeeee!!!
-¡Aaaaaaahhhhhhhh!

¡Bang! Le habían disparado. Ahí acabó la insufrible vida de ese hombre. ¿Pero quién? Además, ¿armas en Badajoz? ¿En una ciudad tan civilizada? Ni de coña, vamos.

-¡Eh!-una figura en la oscuridad exterior le gritó.

Fabio se quedó callado. Después, preguntó:

-¿Quién eres tú? ¿Por qué...?
-Era un arrepentidox, no importa. No importan... ¿Eres FabiuSxRzR7?
-¿¡Cómo sabes eso, joder!?
-Me envía KoalaDear. ¡Despierta! Pues si ver morir a un arrepentidox te ha afectado tanto... Bueno, tú sígueme, te llevaré con ella.
-Ella me dijo que tenía que ir YO al punto de encuentro.
-Vale, ¡pues ha cambiado de idea y ahora yo te acompaño, niñato! Y calla la boca, no es zona de fiesta.

Así, el desconocido de cabello rubio, y raza negra, le fue guiando por las sombrías calles de la fantasmal Badajoz. Karlom, como se llamaba el tipo de la pistola, solo tuvo que disparar a tres ``arrepentidox´´... o lo que fueran esas pobres personas.

-Ahora el mundo es diferente, novato.
-¿Cómo de diferente?
-Verás... llegó un punto en el mundo virtual en el que un grupo de peña se dio cuenta de que lo que estaban viviendo era una puta farsa, así que decidieron desconectarse.
-¿C-cómo? ¿Desconectarse? ¿Y ya había otra gente que se había desc...?
-No. Ellos fueron los primeros... bueno, nosotros.
-Tú... El ``arrepentidox´´ de mi edificio murmuraba algo sobre ``los vivos´´...
-Esos somos nosotros, chaval, Los Vivos, los que escogieron la vida antes que la digivida. Somos un movimiento que apoya la liberación de lo virtual, para volver a lo tradicional.

Mientras conversaban, pasaban por avenidas desiertas, y Fabio contemplaba la gran magnitud de los edificios, algunos destruidos, quién sabe por qué...

-Hablando de los arrepentidox... ¿por qué los matáis? ¡Son seres humanos!
-Mira, el mundo es injusto, niño, y nosotros pensamos que ellos, los que se quedaron en la vida de la falsedad, no merecen exhalar este mundo. Son inferiores. Así que, cuando algún comemierda de esos sale de la RV, nos dedicamos a torturarlos, asesinarlos directamente, o darles caza... ¡Son como animales! Ya verás, algún día te enseñaré a usar una pipa, y después, a... ¡Eh, ya hemos llegado!

La narración de Karlom le dejó con pensamientos de terror, por lo que le deparaba en el Nuevo Mundo. Enfrente de ellos había un local con aspecto de mal barrio, y en la entrada unas luces de neón anunciaban a sus visitantes: ``EL GARITO DE K-DEAR´´.

-Entra, chaval, pero no te emociones mucho al ver lo que hay dentro...
-¿P-por qué dices...?
-Tú calla y observa.

El interior del edificio era despampanante, colorido, pero a la vez oscuro ...era un prostíbulo. Las strippers bailaban alrededor de las barras al son de la música de infierno, iluminadas por la luz de los focos multicolores. Allí, dentro de ese antro, apestaba a marihuana, la metanfetamina era era parte del ecosistema y la borrachera era ley. Mientras caminaba, ¡unos glúteos golpearon con fuerza al joven protagonista! Perdió el conocimiento por el azote y, cuando despertó, se encontraba en una pequeña sala, apartada y oscura. Alguien más además de él estaba allí. Era KoalaDear. Fabio se percató de que, en la vida real, la ruda gamer también era poseedora de esa belleza natural y esa melena corta azul celeste, que hipnotizaba al puberto.

-Eres.., tú.
-Hola, FabiuS.
-¿Po... por qué este lugar para reunirnos?
-¿Es que no lo has visto en la entrada? ¡Es mi local, gilipo****!
-Eres igual que en la Realidad Virtual...
-Gracias por el cumplido, guapo-se quedó un momento pensando-... Bueno, voy a decirte ya por qué estás aquí.
-Mmm...
-Como ya te habrá contado Karlom, hay dos mundos paralelos, el virtual, en que has estado viviendo tú durante prácticamente toda tu vida, y el mío, en el que Los Vivos somos la raza predominante, ya que, con el efecto de la contaminación industrial, todos los animales, plantas y demás seres vivos acabaron muriendo. La naturaleza tal como te la han presentado en las clases de biología está más podrida que los cadáveres de la gente del siglo XXI, y, para conseguir comida, tenemos que rebuscar en los grandes almacenes de lo que antes eran supermercados. Y algún día, esos víveres se acabarán y algunos decidirán sucumbir al canibalismo... Entonces será el caos. Y la humanidad habrá llegado a su fin.
-¿Y para esto me has despertado? ¿Para saber esta triste realidad? ¿Que moriré...?
-Todo el mundo muere, FabiuS... Acéptalo.
-Qué gilipollez... hacerle caso a una cualquiera...-se levanta de la silla en la que ha permanecido ese tiempo.
-¡Eh, yo no tengo ninguna culpa, ...idiota! ¡Agradece, por lo menos, que te haya protegido para que estos salvajes no te destripen como a un puto arrepentidox!

Fabio se va. Las luces y la atracción del lugar ya le dan igual. No quiere afrontar la desgraciada realidad en la que vive. Aquella chica... Él nunca pensó que le llevaría a este pedazo de mi****... Tampoco le importaba ya el trato de KoalaDear, que, por cierto, al final no le había dicho en qué consistía. Solo quería quedarse quieto y...

Fuera del local, un grupo de Vivos con mala pinta se le acercaron y le decían:

-¡¿Qué pasa, carnaza?!-comentó uno que iba rapado, pero con una alta cresta.
-¿Adónde crees que vas, niñito?
-¡¡Eh!!
-¡Te estamos hablando, casi-arrepentidox!-le escupió en la frente; ahora se sentía un ser sin dignidad-¡¿Muestra un poquito de respeto, no?!-parecía el líder. Tenía un parche en el ojo izquierdo y varias cicatrices poblaban su cara.
-Erhh... yo...
-Tenemos hambre, perrita, así que... ¿por qué no corres como una gacela para que te demos caza, no te parece?
-A-alejaos de mí...-le temblaba la voz. Ese no era su sitio. Estaba en una tierra desconocida... y esos tipos querían matarle. Huyó.
-¡¿Adónde te crees que vas, arrepentidox de mi****?!

Esa era la vida que le tocaba ahora. Escapar. ¿Estaba mejor en la Realidad Virtual? Huir. Amanecía. Escapar. Sin esperanza. Huir. Pisadas. Eran ellos. Esos Vivos psicópatas. Le pisaban los talones. Cada vez más cerca. Oía sus gritos. Escapar. Uno de ellos le había rozado la camiseta. Huir. Cerca. Se tropezó, y al instante, le agarraron del cuello con agresividad. Era el líder.

-¡¡Ahora, vamos a quemarte vivo, cosa, y esa perra de K-Dear no estará para salvarte el culo cuando suceda!!-mientras le gritaba al lado de su cara, su saliva salía despedida de su sucia boca.

Uno de sus secuaces sacó una navaja, y se la pasó a su ``jefe´´. Fabio gemía de terror. Ya no había esperanza. El mundo no le quería. La gente de ese mundo no le quería tampoco.

En ese mismo nanosegundo, una sombra de una persona misteriosa, con un sable de acero, cortó en vertical, en dos, la cabeza de el líder de los caníbales. El momento parecía no tener fin. La sangre de ese bastardo saltaba por los aires como si fuera la misma lluvia. La sombra. Era ella. KoalaDear aterrizó en el suelo de la carretera con estilo, sujetando el brillante arma, que ahora estaba empapada de sangre. Y le dijo:

-No puedo dejar que te maten esos hijos de la gran p***.
-¿Pe... pero cómo coj...?
-Eso no importa ahora, FabiuS. Venga, agárrate de mi brazo y no mires atrás.
-¡Te... tenías razón... son como caníbales!
-Putos Hannibal Lecters... Pero ahora están muertos. Así soy yo. Tengo talento-hizo una pausa-. Será porque soy australiana.

El joven Fabio, agarrado de la chica, intentó asimilar lo que acababa de ver. ¡Esa tía le había salvado el pellejo! Y la manera en que había acabado con ese cab***... wow.

-¿Y dónde estaré a salvo?
-Perdona, ``dónde estaremos a salvo´´. Verás, yo nunca me sentí muy convencida con lo de torturar a los nuevos habitantes, eso era parte de la ideología de los Dos Clanes. Los Vivos nos dividimos en tres... pero mis seguidores, al final, se cegaron con las ideas de los otros... incluido Karlom.
-¿Karlom?
-Cuando te fuiste, intentó asesinarme. Era todo un complot. Tampoco les gustaba que yo sintiera un interés especial por ti...
-¿Me qui...?
-No, no es eso-estaban subiendo por unas escaleras metálicas. Se dirigían hacia la azotea de un edificio-... solo me diste esperanza...
-¿Esperanza de qué?
-De devolver a la Tierra a su antigua gloria. De cambiar toda esta mierda ...y para eso te necesitaba a ti.

El muchacho se quedó en blanco. ¿Él, especial? Sí, ya...

No entendía qué tenía que ver él en todo esto, pero se dio cuenta de que lo que había arriba del edificio era un futurista helicóptero. Los dos se subieron en el vehículo, mientras que los opositores a KoalaDear subían como energúmenos al edificio. Muchos de ellos alzaban antorchas al cielo de la mañana, clamando palabras de insulto a Fabio. En verdad, toda esa gente quería acabar con él. Daba la impresión de que él era de otra raza, y ellos eran los racistas que se creían superiores. Por suerte, el helicóptero despegó antes de que un magullado Karlom lanzara sus manos hacia la escalera de subida. Todo eso quedó atrás.

Cada vez se alejaban más de los edificios, de la muchedumbre furiosa, de Badajoz, la que una vez, si recuerda bien, fue su hogar. Ahora, su vida había cambiado y un nuevo futuro le aguardaba.

Bastantes horas después, y tras una gran y merecida siesta, los fugitivos llegaron a su destino: Australia. Allí parecía que la podredumbre no había afectado mucho al entorno, ya que, por algún rincón del vasto suelo, se podían vislumbrar algunas briznas de hierba verde y fresca. Allí, al menos, parecía haber esperanza.

-Es por aquí...-KoalaDear guiaba a Fabio por las calles desiertas de Sydney, en dirección ...¿a qué?
-Vale.

Tras una colina plagada de escombros y más hierba, se situaban unas instalaciones con forma circular. Era como una gran luna llena. Subieron una extensa rampa, que llegaba hasta una compuerta que, por cierto, estaba más que oxidada. La chica sacó de su bolsillo una especie de mando a distancia, con el cual activó el mecanismo que hacía que la entrada se abriese a ellos. Entraron.

Dentro, en la oscuridad de lo desconocido, no se conseguía ver nada. La única luz que había era la del mando de KoalaDear. Una luz verde que les mostraba tuberías, puertas de metal, laboratorios...

-Esta es la Sala Central, o Perímetro de Activación... Sube por ahí.
-Y... ¿vas a decirme ya qué es esto?

Subían. Ella abrió una puerta. Esa puerta daba al exterior. Estaban arriba del todo de la estructura, afuera, en el centro de ese gran círculo.

-FabiuS, este lugar fue construido por un hombre, un científico, que creía que las máquinas nos llevarían a nuestra propia extinción. Era algo asegurado. Así que, junto a sus pupilos y seguidores, se embarcó en la creación de un artefacto capaz de regenerar la vida una vez que esta ya está muerta, porque él preveía la desaparición de la naturaleza. ¡Es lo que necesitamos ahora, FabiuS! Al final, como ves, consiguió acabarla. Pero él introdució una clave encriptada en la máquina, que solo podría ser activada por sus descendientes directos de sangre.
-Y...
-Fabio, él es nuestro padre. Tú y yo somos hermanos.


---


-¿Y ahora qué vas a hacer, Rachel? ¿Adónde vas a ir?
-Es un nuevo comienzo... para todos.

Las ramas de los árboles se movían con la leve brisa.

-Quiero que cojas ese helicóptero y que te dirijas a dónde te he marcado en el GPS. Es una zona despoblada de Asturias, España. Allí tendrás todos los recursos que necesites hasta que todo este lío de Los Vivos se haya despejado.
-¿Qué? ¿Y tú qué, te vas a quedar aquí? ¿Después de decirme lo que sé...?
-Fabio... no puedo exponerte más al peligro que no te mereces. Vete.
-Somos...

La soledad de la pradera. El susurro de esa brisa sobre la hierba.

-Familia.

Se miraron.

-Me acabas de conocer, Fabio. No te deberías apegar a alguien como yo. Vete. Vete, he dicho.
-Koal...
-¡¡VETE!!

El helicóptero voló por la atmósfera de Australia. Las nubes tenían un tono anaranjado. Sobrevoló innumerable variedad de paisajes diferentes, que se estaban recuperando del holocausto de la Naturaleza poco a poco. Desiertos con dunas. Una Esfinge derruida. Extensiones de hielo antártico. Kilómetros y kilómetros de selva del Amazonas recién regenerada. Montañas escarpadas... pequeñas lagartijas. 

Vida.

Así era el mundo que los abuelos de los abuelos de su padre habían contemplado. Un mundo imperfecto, porque la Naturaleza no es ni buena ni mala, es Vida. Pero tal vez, en esta vida no tenemos por qué disfrutar de la belleza natural de nuestro mundo solos. Tal vez debemos hacerlo juntos.

Como una familia que se quiere.

El helicóptero, con el motor ya gastado, aterrizó con el piloto automático en una colina verde. Sería lo que Rachel decía que se llamaba Asturias.

Mientras se guiaba por el GPS hasta el Hogar Seguro, entre la salvaje lluvia que enviaba el temporal, Fabio se preguntó por qué ella habría puesto el recorrido de manera que pasara por esos precisos y distantes lugares... Extraño. Fue bonito, al menos...

Al fin divisó en lo alto de unas rocas una choza de piedra negra. Entró huyendo del agua, cerró con una roca más grande y se quitó el chubasquero que encontró oportunamente en el vehículo. Dentro del Hogar Seguro había un horno de piedra, un tocón como taburete y una mesa (también rústica) con una caja metálica encima. Había en su interior un mendrugo de pan, dos filetes de ternera y un zumo de piña en tetrabrick. 

Se sentía cómodo, sí.

Un hogar.

Un hogar, sin familia.


***

Se despertó en medio de la noche. Hacía calor. Entreabrió los ojos y vislumbró unas llamas.

Gritos. Carcajadas desencajadas.

Intentó incorporarse, pero... No podía moverse. Estaba atado a un poste.

-¡Ajajajajah...! ¡¿Ya te has despertado de tu siestita, bebé?!
-¡Vamos, dejadme por lo menos que me la chupe un poco!
-¿Dónde está la pu** de K-Dear?

Estaba rodeado. Los Vivos le habían encontrado.

-Yo... yo no tengo nada que ver con ella, dejadme sa...
-No no no no no. ¿Y entonces por qué te protegía tanto? ¡¿Eh?! ¿Y qué significa todo esto? ¡¿Por qué te ha llevado aquí?!
-Karlom, erh...-pensaba rápidamente en una forma de persuadirlo-La verdad es que a mí tampoco me cae muy bien, me prometió cosas y después me dejó tirado aquí.... tío.

El rostro del mohawk se quedó estupefacto durante unos segundos.

-No soy tu tío, chaval... ¡¡¿Y tú por qué crees que tengo estas pu*** quemaduras en la cara?!!
-Por...
-¡¡Por ti, gilip*****!!-coge una palanca de metal-Vamos a foll**** duro, niñato, te vamos a ir desmembrando poco a poco esos bracitos y piernitas que tienes, y te vamos a puto comer, ¿eh? ¿Te parece bien?

Le arrea con la palanca.

-¡Aaah...!
-¡No...!

Otra vez.

-¡...eres...!

Una costilla rota.

-¡¡...especial!!
-¡¡Aaaaahhh!!-la sangre caía desde su frente y se caía por dentro de su camiseta, introduciéndole un frío de muerte por el pecho.
-¡¡Mira cómo llora, Karlom!!
-¡Ajajajaja...!
-Y... srrurf... eso es lo que tienes... srrurrf...
-¡Pero mirad...-proclamó Karlom a su manada, alzando los brazos como un mesías-...si encima nos viene con quejas!

¿Ese era su fin? ¿Iba a ser torturado por unos animales como esos hasta la muerte? Rachel, KoalaDear, o como la llamase ahora, no había conseguido salvarle. El Hogar Seguro estaba en escombros, destruido. El mundo estaba volviendo a vivir... ¿para qué? ¿Para dar cobijo a ese tipo de... ``personas´´? Rachel, en este momento, seguramente estaría pensando que su hermano perdido estaba a salvo. No. Ya no había vuelta atrás.

-Nosotros... bueno, ellos, los depravados...-risas de maníacos-tenemos una particular manera de perdonar a los enemigos y llevarlos al Valhalla.

Un escuálido cyberpunk se acerca con un paso tambaleante, como de demente.

-Viene Loki R-7u, dios del engaño... y él te dice que todo va a salir bien y te desata... de tus ataduras.

Loki le sonríe.

-Pero en realidad... ¡oh! No deberías haberte fiado de Loki, dios del engaño... Él no es tu salvador, es tu verdugo.

Los demás Vivos se acercan en círculo.

-Ahora, vamos a cantar una canción muy bonita... quizá la recuerdes, a todos nos la cantan nuestras madres cuando somos pequeños...-Fabio llora en silencio-¡Oh! ¿Es que no has tenido madre...? Bueno, pues NOSOTROS seremos tus madres.

Loki R-7u se bajó los pantalones.

-Acércate-dijo-... Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña... ¡Aurf!
-¡Garfl!
-Como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante...-cantaron siniestramente a coro los otros. Loki se fue. Le tocó el turno a otro.
-Dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña...
-¡Garfl!
-Como veía que no se caían fueron a llamar a otro elefante...

Otro más.

-Tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña...
-¡Gaharfl...!
-Como veían que no se caían fueron a llamar a otro elefante...

Y más.

Y más...


---

Año 2196. El Cairo, Nuevo Egipto. Era un día como todos, la rutina del trabajo en la chatarrería, la comida austera de siempre... Corrían tiempos de guerra entre las dos facciones de los Dos Clanes: ambos líderes de los grupos querían el dominio de África central y América del Sur, pero la avaricia de recursos era tal que el reparto desencadenó en luchas. Por otra parte, los arrepentidox fueron erradicados ya hace veinticinco años, con Día del Juicio Final en la Semana de las Purgas Sanctas. Aún así, había zonas neutrales que se autoabastecían a base de la recolección y reparación de flyingcars abandonados para uso de los Clanes, no sin olvidar el tráfico de personas para la prostitución en los casinos, propiedad de numerosos jefes gángsters.

Ezequiel Santos era un chatarrero cincuentón, pelirrojo, con barba andrajosa y un carácter reservado y huraño. Ese día le tocaba un trabajo especial después de la jornada de recogida habitual, pero Yamzer Uttniem, el patrón, no le había informado aún sobre el cometido de su misión.

Salió de su chabola de adobe y se dirigió al Casino Kéops en su bisonte sin-pelo. Antes de entrar, un niño esquelético le pidió identificación.

-Ezequiel Santos Build...
-Esa no, vejestorio naranja, la identificación con que te conoce Uttniem.
-...
-¿Y bien?
-Fabio González Stanley.

El interior no era nada nuevo. Fabio ya sabía cómo eran esos sitios...

-¡Fabio Klaus! Mmm, aquí tengo a mi hombre preferido...
-Cuenta lo que quieres, Uttniem...
-Esta noche vendrá un cargamento nuevo de mercancía. Chicos. Y chicas. Tienes que estar en la parte trasera del puesto de aduaneras a las dos en punto con tu furgoneta. ¿Me has oído? Ni un minuto más ni uno menos. Doce en punto de la madrugada.
-Me parece-piensa en su pasado. Piensa en si es bueno o malo lo que va a hacer-... bien. ¿Cuánto me vas a dar?
-Sesenta mil si sale todo a la perfección.

Vuelve a casa. ¿Casa? Esa palabra ya no tiene el significado que solía tener. Entró, colgó su abrigo sobre un palo incrustado en la pared, y se dispuso a encender la luz.

Había entrado alguien en casa.

Una mujer de unos cincuenta y tantos, con el pelo teñido de azul celeste, y una apariencia familiar estaba de pie en el salón. Mirándole. Esos ojos verdes que una vez le apasionaron.

-KoalaDear-su bolso cayó de sus agrietadas manos.
-Fabio...

Se acercaron.

-¿P... por qué me dejaste?-dijo con ojos enrojecidos.
-Hermanito, conmigo habrías pasado peligr...
-¡¡¿PELIGRO?!! ¡¡¿Me estás hablando de peligro?!!-se estaba enfureciendo. Daba pavor verle-¡¡Según llegué a esa estúdida cabaña de los cojo*** me secuestraron esos put** animales de los Vivos, me obligaron a hacerles una felac*** y me violaron!!

La adulta KoalaDear abrió la boca y movió las cejas con un sentimiento de dolor y culpa.

-Fabio, no... yo... lo siento mucho... No pude saber que te iban a seguir la pista... yo...
-¡¡TÚ ME ABANDONASTE!!-cogió la mesa de madera y la arrojó con ira contra ella. No le alcanzó.
-Fabio, podemos arreglar esto... Te encontré y quería decirte que vinieses a vivir conmigo en Asturias... Verás, allí tengo una casa...
-Fuera de mi casa.
-Fabio...
-Fuera de mi casa o juro que te vas a arrepentir.

Las dos menos cuarto. La luz violeta de las farolas iluminaba el interior de la furgoneta y le daba un color diferente a la piel del ermitaño solitario. Rachel se equivocaba. Su vida ya no era como antes. Nunca tuvo vida. Y ahora no era momento de hacer reunión familiar.

1 kilómetro.

Antes de irse, le contó a Rachel lo del trabajito nocturno. Ella no estuvo de acuerdo con lo que iba a hacer. Vender las vidas de esos pobres adolescentes a las manos de un mafioso. Según él los recogiera, sus vidas pasarían a ser solo el disfrute erótico de miles de pervertidos desesperados. Meros objetos sexuales.

500 metros.

¿A eso se había reducido su existencia? A él le habían hecho cosas horribles cuando tenía trece años... ¿cómo podía ahora permitir que a otras personas les hicieran lo mismo? Eran niños, joder, eran niños.

250 metros.

Su legítima hermana le ofrecía una vía de redención, una vida juntos, en familia. Una familia.

130 metros.

¿Acaso no era eso lo que quería, lo que pensó durante su viaje a Asturias? ¿Que la vida en realidad consistía en una familia que se quiere...?

50 metros.

Esa era su oportunidad de dejar su amargo pasado atrás y emprender una vida nueva.

25 metros.

Era su oportunidad de vivir.

10 metros.

Ahora o nunca.

Aparcó la furgoneta y salió. Vio delante suya a los pobres chavales. Miró a uno de ellos y le dijo:

-Coged esa furgo y largaros de aquí.

Seguidamente, pegó un puñetazo al guardia traficante que los vigilaba. Él era más joven, pero Fabio se había visto en peores peleas callejeras...

Lo quedó noqueado. El chaval que iba a conducir le llamó:

-¡Venga con nosotros! ¡Le matara...!
-¡Marchaos ahora que podéis!-gemía... El guardia le había clavado una navaja antes.

El vehículo corrió a toda pastilla de allí.

Se arrancó el arma blanca y se tapó la herida. No iba a poder caminar hasta casa en ese estado...

Pero debía intentarlo.

Caminó a trompicones hasta la salida de la ciudad, al lado de la Esfinge, durante toda la madrugada. Llegó a la frontera a las seis, moribundo. Su hermana le había dicho que saldría del país por ahí a esa hora.

Pero ella no aparecía. Había perdido su oportunidad de vida otra vez.

Un quad negro pasó a su lado. Pero paró. Estaba delirando. Era Rachel. Estaba a punto de quedarse inconsciente. Ella le recogió.


***

Se despertó sobre un banco de piedra. Estaba en una colina desde la que se veía el mar, con su acantilado, y sus rocas milenarias. Estaba en Asturias. Estaba con su hermana.

-¿Cómo estás?-estaba sentada a su lado.
-¿Sabes...? Este es el lugar en el que uno querría estar por última vez con sus seres queridos y morir.

Miraba cómo el horizonte unía el cielo con el mar. Su mirada se perdía en él.

-Es muy bonito... Aquí creció nuestra madre.
-Me imagino cómo hubiera sido nuestra vida aquí, de una forma diferente... Pero eso no me importa ya, porque estamos juntos.
-Sí, lo estamos... Estamos juntos...

...


F I N

martes, 8 de noviembre de 2016

Sucesos anónimos varios.

Pues me dijeron que estaba Little John en el baile de Fin de Curso de su centro educativo, y no era el día de hacer algo educativo, vaga la redundancia. Ese día era para salir a la la pista ...y darlo todo. O eso era lo que le veía hacer a los mayores del insti.

Dicen que allí en Kansas City no hay mucha abundancia de frikardos, pero el joven Little John y su amigo Floyd eran los dos de los cuatro pelagatos que vivían allí.

Saliendo un poco del tema de los frikazos, Little John y Floyd se dirigían hacia el gimnasio, pensando en qué iban a hacer allí, si no tenían pareja. Todas las buenas y malas mozas ya iban con los bíceps de turno, entre ellos, la Banda de Los Guepardo. Ellos dos no teían la valentía suficiente para decir ``oye tú, cabrón, yo también tengo derecho a bailar´´, además que esa frase tan soez, si se puede considerar así, no les pegaba a unos pringaos como L J y Floyd, sino a los propios Guepardo.

Digamos que, hasta este punto de la historia, no tenían muchas opciones.

Decepcionados por la simple derrota, los frikazos se marcharon. Pasaron por casualidad por el Callejón de los Malos Augurios, donde se toparon con un harapiento leproso, que tenía pinta de chamán, el cual les dijo, sin venir al caso:
-La suerte la escribe uno mismo.
-Perdone, ¿qué?-comentó Little John.
  De repente, el vagabundo se levantó de la caja de cartón sobre la que antes reposaba y alzó la cabeza, diciendo:
-Solo mirad a los ojos astrales del cielo...
En ese instante, L J y Floyd experimentaron lo que se puede llamar una buena fumada, ya que empezaron a desmaterializarse y a fundirse con la misma esencia de los átomos. Después, viajaron inmensas distancias en el vasto cosmos, atravesando estrellas, cometas, ¡...agujeros negros que les llevaron a otras dimensiones. Vieron a sus yo de esos universos paralelos, por lo cual se llenaron de un conocimiento inconmensurable, sobre todo, de las artes mentales para conseguir una chica en el dichoso baile de lo coj...

Ahora estaban de nuevo en la entrada del gimnasio. Estaban preparados. Más que nunca en sus cortas vidas humanas. Pero estaban preparados para ese momento.

Little John caminaba hacia el interior de la pista con paso firme, retumbaban los azulejos del baño de profesoras, donde estaba teniendo problemas gastrointestinales la Sra. Smickells, de física cuántica. Las mozas, al ver los cuerpos modificados mentalmente de L J y el ahora apuesto Floyd, rendían a sus pies, suplicando que ellos satisfacieran lo que veían sus inocentes ojos, los cuales no sabían que era solo una ilusión mental creada por los mismos frikardos.

Little John llegó a donde se encontraba Gilda, la favorecida pelirroja de pechos grandes (¿qué queréis que os diga? ¡Así de fermosa la describió la fuente que me proporcionó el relato!), la cual estaba en los brazos del líder de Los Guepardo, Bill Kent. El tipo dejó a la criatura, y acto seguido se dirigió hacia L J.

Después de un silencio incómodo, dijo:
-¿Aónde me vas con esos musculinos, gilipoias?
-He venido a reclamar justicia para la Frikonería.
-¿Qué co** ha dicho ese?-saltó un lacayo.
-Que he venido a reclamar la justicia para mí y para mi amigo. Es decir, tenemos derecho a tener una hembra como acompañante en estas danzas.
-Si lo que buscah éh fo****** a la Gildy, me paese a mí que no. ¿Y desde cuándo hablas tan culto, rata?
-No busco más que una acompañante. Y mi intelecto se ha masificado cuando viajé por todo el multiverso, gracias a este anciano mugriento que nos encontramos.
-¡¡Lo que te váh a buhcáh éh una buena zurra, saco de mierda!!
Ipso facto, Los Guepardo, y algunos espontáneos y lacayos más, se abalanzaron en busca de dar una somanta de mamporros a diestro y siniestro, a nuestros frikardos. Ellos se defendieron como pudieron, pero esos músculos que tanto admiraban las hembras no eran más que un efecto mental, un truco. Y no servían para defenderse.

Esa noche, Little John y Floyd volvieron a sus humildes casas con cientos de magulladuras por todo el cuerpo (nunca deseéis ser ellos, niños). Ese día, sí, ese día ...fue el comienzo del resto de sus vidas.

THE END?

viernes, 27 de mayo de 2016

Abducciones ocasionales en la provincia de Badajoz, Extremadura (España).

Romualdo estaba caminando por el campo, cuando de repente, un objeto con forma de platillo volante le hizo elevarse unos 15 centímetros ...y le abdució. Todo dentro de ese armatoste alienígena estaba oscuro. Había, además, un olor de podredumbre (posiblemente de cadáveres humanos que aquellos seres habían secuestrado de sus hogares antes que a él) , que se introducía en sus fosas nasales y le recordaba los garbanzos que le cocinaba su mujer, Constanza. De improviso, se hizo la luz y unas tenazas mecánicas (fabricadas con un metal que no está incluido en nuestra tabla periódica) empezaron a toquetearle los mofletes de la cara. Era una situación surrealista, casi sacada de un sueño ...o de las películas de ciencia ficción que tanto le gustaban a su sobrino Fernan (el cual era un niño de ciudad). Los seres de otro mundo se asomaron a verle, pero la luz era tan intensa que no distinguía bien sus extraños rostros. Lo que sí alcanzó a ver fue como uno de ellos, que era más alto que el otro, pulsaba un interruptor que tenía en su mano. Al momento, sintió como si le drogaran, y después de eso no recuerda nada.

                                                                               ***

El campesino se despertó en medio de una vía de tren. Justo en ese preciso instante iba a pasar por ahí el ferrocarril, pero Romualdo salió de su camino antes de que le arrollara. Cerca había un charco, donde vio su reflejo, y se percató de que lo habían vestido con un tutú rosa ...aquellos alienígenas.

Caminó unos kilómetros, en busca de la estación de tren. Tenía cansancio y sudaba a borbotones, ya que se encontraba en una zona árida, casi desértica. Los calcetines del vestido no soportaron a las afiladas piedras del camino, así que ahora sus pies estaban rozando con el vasto suelo.

Pronto divisó la parada. Cuando llegó, vio que había tres o cuatro personas esperando allí. Intentó comunicarse con ellos, pero no le entendieron ...o, simplemente, se alejaron de él, debido a sus vestimentas. Había un cartel que mostraba las distintas paradas que hacía el tren. Ahí había algo que no cuadraba... no estaban escritas en español. Por lo poco que él sabía, eso estaba escrito en inglés. ``¿Dónde leches estoy?´´, se preguntó a sí mismo. Hicieran lo que le hicieran esos extraterrestres, le habían dejado en un lugar que no era su huerta. Estaba en Estados Unidos.

                        ¿THE END? ESO DEPENDE DE VOSOTROS, AMIGOS LECTORES

jueves, 7 de abril de 2016

El Golden Warrior, samurái místico [ONE SHOT].

Era una tarde lluviosa en Newtown D.C., una ciudad del distrito de Exteriorz, una de las regiones más conflictivas y miserables de Boston. Michael Willis estaba el la Taberna del Demonio, lugar que visitaba diariamente para emborracharse y olvidarse de su mala reputación en el barrio.
-Richarda Mary, ponme un Martini...
-¿Mal día?-dice la robusta y gorda anciana.
-Como siempre.
-Vale, no me interesan tus penurias, Michael W., pero dicen que el negro ese del final de la barra quiere hablar contigo...
-Bueno, ¡a ver si es una oportunidad de trabajo, al menos!-dejando el Martini encima de la madera rancia y grasienta.
Se acerca al hombre de piel oscura y le pregunta:
-¿Querías algo?
-Sí... la verdad es que hay muchas cosas que debo contarte...-hablando en voz baja y con un cierto tono de misteriosismo.
-Cuenta, no quiero perder tiempo de mi desgraciada vida
-Verás, sé que a ti te crió un antiguo maestro samurái y que fuiste entrenado en las artes del Ninjitsu...
-¡No no no!¡¿Quién te ha contado eso, eh?! ¡Mi in-fan-cia no fue así! ¡Te voy a... !-sacando la mano derecha para propinarle un puñetazo en el estómago, pero...
-¡¡¡No, por favor!!! ¡Tienes que escucharme! ¡El líder de los Hermanos Oscuros ha redescubierto TU leyenda y ahora toda la yakuza de Estados Unidos viene a por tí, aquí, a Newtown!-se hace un silencio-Quieren matarte...
-¿Tú qué te has fumado? Será una droga muy mala, creo yo, ¡porque, para decir las gilipo****es que estoy escuchando sobre japoneses y fantasía...! Eso... no, eso no lo dicen ni los locos.
-Tienes que hacerme caso, o si no usarán tu piel mística para invocar a los demonios más escalo...
¡¡¡¡¡BOOOOOM!!!!!
Como las palabras ``booooom´´ describen, ha habido una explosión al lado de la entrada a la trastienda, cerca de una ventana, que queda hecha añicos por un escuadrón de armados ninjas con surikens, vestidos completamente de color negro, que amenazan con sus pequeños ojos a nuestro desdichado protagonista...

TO BE CONTINUED... (supuestamente)